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miércoles, 9 de enero de 2013

Manuel Mota. 1966-2013

Esta tarde publicaré mi post habitual sobre autodisciplina, pero no me resistía a no decir nada de la noticia que esta mañana ha conmocionado al mundo nupcial: el fallecimiento de Manuel Mota. En las fotografías que acompañan la noticia, el diseñador aparece como un hombre sereno, profesional y joven, y al que parece mentira que pueda ocurrirle nada malo.


En torno a esta noticia hay cierto oscurantismo, porque en los distintos medios de comunicación no se ha especificado la causa de su muerte.  **Actualizado el mismo día a las 22.00 horas**
Las últimas informaciones que han llegado del suceso son mucho más trágicas y dolorosas de lo que se preveía. Tanto que una no puede evitar reflexionar sobre cómo de oscuros pueden ser a veces los caminos de la mente humana... Pero me abstengo de seguir comentando estas conjeturas, porque desvirtuaría por completo el propósito de esta entrada. Quedémonos con la figura del diseñador durante sus 46 años, y no con su triste e inexplicable final.

Por mi parte, esta mañana no me podido resistirme a entrar en la página de Pronovias y dar un rápido vistazo a su colección 2.013, la que ya será la última... Cuando he visto el cuarto vestido, algo se ha agitado en mí, y lo digo literalmente, casi he sentido una respuesta física. Dios mío... si me casara este año, ese sería sin duda el vestido que correría a probarme.

Yo ya tuve mi vestido de novia, pero este ha sido un auténtico flechazo. Y muchos sentimientos se han entremezclado en un momento: sentimientos de nostalgia, de apreciación de la belleza, de admiración del talento y el trabajo, de pena porque el autor de estos trajes tan bellos se haya ido de esa forma tan inesperada...

Al ver este vestido, he sentido que, de haberme casado este año y haber tenido presupuesto para costeármelo, este es justo el traje de novia que me haría sentir como la mujer que querría ser el día de mi boda. Ése ES el vestido de mis sueños. Probablemente el más espectacular, romántico y glamouroso que tendría nunca colgado en mi armario.


Ha sido un poco tarde, pero he encontrado el vestido de mis sueños: el modelo Ventura de la colección 2013 de Manuel Mota para Pronovias. El vestido que supera a mis favoritos de Yolan Cris, Jesús Peiró, Carolina Herrera, Reem Acra o Jenny Packham.

Volviendo a lo ocurrido con Manuel Mota... En un mundo tan hermoso, dulce, espectacular e idílico como la moda nupcial, las desgracias y los pequeños conflictos que afectan a la vida diaria parecen no tener cabida. Pero al final, todos somos humanos, y nuestras vidas finitas.

Sin embargo, esto no ocurre con el talento: porque hay ciertas cosas que son infinitas, que pasarán a la posteridad y no se gastarán con el paso del tiempo, más bien al contrario. Son cosas raras y preciosas, cosas muy escasas, pero existen. Y yo creo que este maravilloso vestido de Manuel Mota, este y muchos otros de incontables colecciones año tras año, son un buen ejemplo de ello.

D.E.P.

06

sábado, 8 de septiembre de 2012

Liada, liada, liada

Bueno, pues ¡ya estamos en septiembre! Aunque durante el mes de agosto he seguido trabajando, porque las vacaciones las tuve allá por julio (tan lejos me parece ahora que ni me acuerdo), estas semanas de atrás, con los calores, los planes varios y eso de que casi todo el mundo está de vacaciones, me he tomado el trabajo relativamente relajado...

Ahora empiezo a ponerme las pilas, pero lejos de entristecerme, creo que me motiva. Primero, porque ya no soy la única que estoy trabajando el mes de agosto (¡ja!, lo sé, soy mala, pero mal de muchos...). Segundo, porque ya no hace tanto calorrrrr, que está muy bien para las noches de juerga y los días de piscina, pero para trabajar sin aire acondicionado sólo con un mísero ventilador, pues no. Y tercero, porque creo que la mayoría de nosotros seguimos interiorizando el calendario escolar, y septiembre nos recuerda a estrenar cosas (reconozco que me gustaba la vuelta al cole porque ¡nos compraban tantas cosas bonitas!) a cambios deseables, a nuevos retos...

Septiembre me entristece y me motiva a la vez; este año como lo estaba deseando pues más lo segundo que lo primero. Además, es mi primer septiembre en compañía de mi maridorrrr, lo cual lo hace mucho mucho más apetecible. Si os digo un secreto, estaba deseando que llegaran los primeros fríos por la noche para poder acurrucarme junto a él, porque en verano con todo el calor, no me lo permite.

Para las casadas, o las no-novias, septiembre es un mes de proyectos fundamentalmente laborales, y seguro que también en el hogar (ya sabéis, cambio de armarios, limpieza profunda, planteamiento de reformas en casa) pero para las novias... ¡septiembre es todo un comienzo!



domingo, 19 de agosto de 2012

Realities de novias en TV

Este verano estoy enganchada a los realities, sobre todo los del canal Divinity: "Me cambio de familia", "tu estilo a juicio" y ¡los de novias!

¿Acaso alguna no sabía que hay realities de novias? Pueesss... ¡sí! ¡Y más de uno! Novias en Atlanta y novias de Bevely Hills, que yo sepa.

Yo los he descubierto este verano, ya después de casarme, y he de decir que me gustaría haberlo hecho antes, cuando estaba en esa nube rosa que supuso la boda, porque así habría alimentado (aún más) mis fantasías sobre el vestido, sobre lo que significa estar vestida de novia...



Tanto el realitiy dedicado a las novias de Atlanta (arriba, el equipo de la tienda) como el dedicado al de las novias en Beverly Hills tienen el mismo argumento: describen el camino que sigue una chica que llega a una de estas tiendas hasta que elige su vestido de novia. La chica en cuestión va a acompañada de su familiares, de sus amigas y alguna incluso ¡hasta de su prometido! (hecho que no les gusta nada a las propietarias de las tiendas). Como os podéis imaginar, el ratito que pasa la chica hasta que encuentra "su vestido" no está exento de dificultades: en algunos casos, la madre es una entrometida que quiere que su hija lleve lo que a ella le gusta y no a la hija; en otros casos, las amigas no dejan de criticar todos y cada uno de los modelitos; y en casi todos los momentos las novias pasan ratitos de duda, de indecisión y al final, si todo ha ido bien... una tremenda alegría.

Casi siempre, al acabar el programa hay un final feliz, lo que se traduce en una novia radiante, emocionada hasta las lágrimas por llevar el que será "el vestido de su boda". Las madres, amigas, compañeras, también acaban llorando. El momento parece tan precioso, tan perfecto, que alimenta esa fantasía de toda mujer de que está viviendo una de las experiencias más maravillosas de su vida.

En algunos casos, son las novias mismas las que lo dicen de este modo: "llevo toda la vida deseando vivir este momento; venir a la tienda a comprarme ni vestido de novia, y después imaginarme la cara que pondrá mi prometido cuando me vea con él".

El equipo de novias en Beverly Hills.

En fin,  son situaciones, palabras y deseos que comparten o han compartido el 90% de las lectoras de este blog. Alimentar estas fantasías o estos deseos no es en sí, malo. A mí me parece entrañable ver las caras de esas chicas que están profundamente emocionadas, que lo viven con tanta intensidad. Para mí, el momento de elegir mi vestido de novia, también fue muy excitante, a pesar de que no lloré ni lo considero (ni de lejos) el más importante de mi vida.

Pero lo que me produce cierto incomodo, cierto sentimiento de ligera repulsa, es la parte perversa que puede haber detrás de todo esto. Las novias acuden a la cita de su vestido como si se estuvieran enfrentando a una de las pruebas más difíciles y decisivas de toda su vida. Y no es así, o no debería. Elegir una carrera profesional, un lugar de vivir, o más aún tu pareja, sí son decisiones trascendentales, que tendrán profundos efectos sobre nuestra vida posterior y por ello es preciso dedicarles tiempo.

Elegir el vestido de la boda es importante, claro que sí; pero si lo pensamos con un poco de raciocinio, ¡no es ni de lejos tan trascendental! Es el atuendo que nos acompañará el día que vamos a ser más fotografiadas. Pero no es cuestión de vida o muerte. Y buscar el vestido "perfecto" es una tarea demasiado complicada, entre otras cosas porque no tendremos medios ni posibilidad de contrastar todos los vestidos del mundo para saber cuál es, efectivamente, el perfecto. Posiblemente nuestro vestido perfecto aún no esté de moda, o se encuentre en la otra punta del globo. Puede ser que debido a nuestro peso el vestido perfecto no nos quede como debería. O puede ser que tenga un presupuesto astronómico. En fin, que el vestido perfecto para nuestra boda, no será técnicamente el más perfecto de todos los que existen, sino el primero que nos haga sentir especiales, el primero con el que nos veamos "como unas novias".


"Vestidito, vestidito, ¿quién es la novia más bella?"

Como truco rápido de novia que ya ha pasado por esta etapa, os diré que sabréis cuál es vuestro vestido cuando una sonrisa radiante se os plante en la cara, y no os la podáis quitar. No siempre se escucha una vocecita interior, como dice la tradición popular, que dice: "ese es tu vestido". No siempre suenan campanas, o nos ponemos a llorar. Pero siempre, sonreímos cuando nos vemos con nuestro vestido de novia y los complementos.

Siguiendo con el tema de por qué considero en parte perverso estos programas, diré que ensalzan una idea que puede resultar muy peligrosa, sobre todo para novias sensibles e influenciables. Y es el hecho de dar demasiada importancia, una importancia vital, al hecho de elegir el vestido de boda o a la boda en sí. Es decir, según estos programas, te pasas toda tu juventud soñando con vivir ese momento. Ese día, eres la protagonista absoluta, tienes derecho a ser mimada, a ser envidiada, a ser adorada. Y cuando pasa ese día... te conviertes en una novia más que como mucho, tendrá derecho a acompañar a otra para que ésta viva "su momento". Y entonces ella será la importante, y no tú. Y así para siempre, por los siglos de los siglos.

A mí este planteamiento me parece algo monstruoso. Es algo así como: sí, tendrás un día en que serás la princesa, la reina, todo el mundo estará por debajo de ti y tú serás la protagonista. Elegirás un traje fabuloso, reiremos contigo, lloraremos contigo. Ese día rozarás las nubes. Puedes prepararte para él durante años. Pero cuando pase ese día... entonces verás lo que es bueno: caerás de ese pedestal sin aviso previo, habrá terminado tu momento de gloria y en el futuro tendrás que conformarte con mirar, con nostalgia, a todas esas mujeres que están pasando por esa experiencia increíble. Pero no desesperes, porque para ellas, la magia durará sólo un día, a lo sumo unas semanas; después tendrá que pasarse a lado de las que viven la experiencia desde la barrera. Su momento dorado también pasará, y puedes regodearte con ello con una insana alegría.





En muchos casos, los mismos trabajadores del programa, critican a una mujer ya casada que acompaña a la novia, porque dá opiniones demasiado negativas (quizás fruto de la amargura que siente) diciéndole "no tiene derecho a aguarle la cita a la novia, ella ya tuvo su momento, ahora es el momento de la novia". Y si esto bien es cierto, repito que ese planteamiento me eriza el vello de los antebrazos. Entonces... ¿sólo tenemos "nuestro momento" una vez en la vida? ¿Debemos soñar con esto antes de que ocurra, y sufrir de nostalgia una vez que haya pasado?

Por este motivo, no me extraña que muchas novias sufran, una vez que ha pasado la boda, lo que se denomina depresión post-boda (en inglés, post-wedding blue). La verdad que hace mucho que tengo ganas de escribir un post sobre esto, porque veo en los foros y en los blogs que es un problema mucho más común de lo que nos parece, pero lo dejaré para una próxima ocasión, que hoy ya llevo un buen rato escribiendo y my darling me ha llamado para cenar.

Y para acabar, una fantasía alocada... Imaginando un mundo muy distinto, creo que estaría mucho mejor montado si en las bodas, o en los preparativos (como lo es elegir tu vestido de novia), los que disfrutaran realmente fueran los invitados. En ese caso, tú sólo tendrías que pasar un ratito un poquito menos agradable el día de tu boda, pero a cambio, pasarías muchos momentos felices en las bodas de los demás, que a fin de cuentas, una acude a muchísimas más bodas que las que celebra. ¿No creéis que estaría mejor así? ;-)

jueves, 12 de abril de 2012

Tras la segunda prueba del vestido

Esta vez .

Tras una primera prueba decepcionante, en la que salí llena de dudas y con el ánimo por los suelos, ayer el vestido me quedaba perfecto, lo único que me han tenido que retocar ha sido un centímetro en el bajo. Estaba guapa, era MI vestido. Y lo digo con convencimiento.

Eso sí, no he sentido mariposas en el estómago, ni un escalofrío, ni me he emocionado hasta las lágrimas. Tampoco me he sentido la mujer más feliz del mundo. Solamente ocurrió algo lejano a esto allá en septiembre, cuando me lo probé la primera vez e iba buscando vestidos de novia (aquí). Supongo que los nervios de estos últimos días aplacan las emociones.

Pero me sentí contenta, y aliviada, cuando la dependencia subió la cremallera, abrochó los botones y vimos que me quedaba... perfecto. Esta vez sí.

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No iba peinada para la ocasión, no iba maquillada, y aún así me vi guapísima... y me vi muy yo. Y sentí que no, que no me había equivocado, que si hay un vestido que ha de sentarme bien, y hacer sentirme a la vez elegante y espectacular, es este. El mío.

No, no me apresuré en su día. No me he equivocado. Mi intuición no me falló. Encontré... mi vestido.

Siento que, a mi altura, mi constitución y mis rasgos, este es el vestido más idóneo. Y como he dicho antes, y a muy pocos días de la boda, esto es un gran alivio. Y al menos, es una buena señal.

Ahora ya sólo queda ir a recogerlo y esperar al día... Esa mañana ajetreada en la que tendré que levantarme muy temprano, ir a la pelu, maquillarme, ir a casa, comenzar a vestirme, y esperar que vengan mis amigas para terminar de arreglarme.


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Luegos unas fotos (uff, le temo a este momento, no soy nada fotogénica y creo que voy a sufrir...) y tras eso andando para la iglesia. Y allí... el momento de recorrer el pasillo ante el resto de invitados, con la marcha nupcial de Wagner a dos voces, y al final de la alfombra roja... el novio.

Lo reconozco, me encanta esta parte: la de la sorpresa de las personas la primera vez que te ven. Es que iempre es una sorpresa ver a una novia por primera vez, jamás antes ha llevado un atuendo ni remotamente parecido (al menos yo). Ese día es el único en que eres una NOVIA, por dentro y... por fuera.

Me gusta pensar que encantaré a mi novio, que me verá deslumbrante y que luego nos harán una foto como esta, porque no podrá contener su pasión. :)

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Ya no hay tercera prueba del vestido. Sólo esperar al día B y... no engordar ni adelgazar hasta entonces ;-)

lunes, 12 de marzo de 2012

Tras la primera prueba del vestido de novia

Toda boda empieza y acaba por un vestido de novia.


Cymbeline

Un buen día te piden en matrimonio, o lo decidís entre ambos, de cualquier manera acabas diciendo "nos casamos". Y aunque a partir de ese momento comienza una vorágine de cosas que mirar, decidir y preparar, en su cabecita y desde el primer momento, cada novia, deja un hueco muy especial para su vestido.

 Parece que nunca es suficiente el tiempo dedicado a ver vestidos y sus tipologías en Internet, en catálogos y en revistas. Incluso cuando ya has elegido el tuyo, y te lo has probado, no puedes resistir la tentación de abrir uno de esos hermosos catálogos y seguir comparando, soñando cómo quedarían esos vestidos hermosos en ti. Y si pasas por delante de un escaparate, la parada es obligada. Si vas con tu novio, te pregunta: "¿pero no tienes ya el vestido? ¿por qué sigues mirando..?" No entiende que esto se ha convertido en una pequeña adicción...



Sientes que eres "más novia que nunca" cuando ya tienes tu vestido. Hasta ese momento, te sientes como una "aprendiz de novia", pero cuando empiezas la dinámica de las pruebas de peinado, maquillaje y vestido, es cuando te sitúas mentalmente con más claridad en tu día B.

Y te imaginas ese día, que empieza, precisamente, mientras te arreglas. Todos los vídeos y los reportajes fotográficos empiezan con esas instantáneas: la de la novia con su vestido. Y después de todo el día, de todos los besos, y de todas las emociones, supongo que sientes que la boda acaba cuando, en la intimidad de tu habitación, te quitas un vestido que sabes que no te vas a volver a poner nunca más para una ocasión similar. Puede haber un reportaje post-boda, o puedes probarte el vestido en casa cuando sientas nostalgia. Pero ya no es lo mismo.

Así pues, el vestido de novia es algo que define ese día y los anteriores. Toda boda empieza y acaba con un vestido de novia...

Y yo, en la primera prueba del vestido (una vez que ya lo he elegido), he sentido un remolino de emociones muy diferentes, y que no esperaba. Desde que lo elegí, allá a mediados de septiembre, hasta la semana pasada, no me había vuelto a ver con el que será mi vestido. Cuando lo tuve probado en mí, me pregunté una vez más ¿es realmente este mi vestido? ¿no habrá algún otro vestido en otra parte que me quede mejor?

vestido de Cymbeline. Uno de mis favoritos

Esta última es una pregunta trampa. Por supuesto que, de los millones de vestidos de novia que se han creado, habrá cientos que se ajusten a mí, y muchos que seguramente me queden mejor que el vestido que yo he elegido .Pero naturalmente, no puedo recorrerme todas las tiendas del mundo, ni bucear entre todas las colecciones (todas sabemos que hay vestidos maravillosos que ya están descatalogados). Así que debo tener la tranquilidad de que, de los que me he probado, el mío es el que más me hizo sentir una novia. Si incluso aquélla vez tuve un ligero escalofrío cuando me vi con el vestido y el velo puesto. Sí, en ese momento pensé "este es mi vestido". Así que ahora no puedo tener dudas...

(Y por otro lado, el vestido empieza y acaba una boda, pero desde luego no hace la boda en su totalidad, y mucho menos influye en el matrimonio, así que hay que concederle su importancia relativa; es vital ir muy guapas y favorecidas, no lo es "llevar el mejor vestido de novia del mundo")



El resultado de la prueba fue confuso. Yo pensé que el vestido me quedaría completamente entallado y hecho a mi cuerpo y no fue así. Supongo que, aparte de que he adelgazado un poquito, en todas las tiendas de novia lo piden un poco mayor que el que corresponde a tus medidas (hacen bien, hay que curarse en salud). Y por otro lado, tuve que reestructurar completamente la parte de abajo de mi vestido. No me veía en absoluto con ella, no hacía más que decir "lo quiero más cerrado, no tan abierto" y la mujer de la tienda decía "pues todas las novias del mundo lo que quieren es más vuelo, más abertura; pero si tú no te ves así... pues lo cerramos".



Y después de dos horas de retoques al vestido (esto más subido, esto más ajustado, esto más suelto, esto lo quiero diferente), cuando todo él estaba revestido de alfileres de arriba abajo, por fin conseguí verme como yo quería... No fue tarea fácil, pero el resultado final fue satisfactorio.


Miguel Crespí


Salí de la tienda relativamente contenta, sabiendo que aunque había que hacer un arreglo importante, era lo que yo quería. Pero cuando llegué a casa y vi las fotos... tuve mi segunda decepción. ¿Ese es el vestido que tan bien me quedaba, según decían todos? ¿Y así estoy yo, tan blanca? (Estoy absolutamente decidida a darme rayos UVA desde esta semana, no me gusta el contraste de mi piel tan pálida con el blanco del vestido). ¿Y ese es mi aspecto...?

Huelga decir que iba sin maquillar, sin peinar... Y que las fotos que se sacan dentro de un probador de novias no tienen la mejor luz del mundo, ni tú estás en una pose especial, subida en esa tarima y rodeada de espejos. Así que supongo que el resultado final tiene que ser mucho más halagüeño... Y que las fotos de mi reportaje superarán con mucho a aquéllas en el probador (¡por dios, tiene que ser así!)

En fin, que tengo la segunda prueba del vestido en un mes. Espero que para entonces sea mucho más "mi vestido", que me vea más morenita, más guapa, más favorecida... y en definitiva, más segura de mí como novia.

viernes, 3 de febrero de 2012

Velo pirata, ¿sí o no?

Creo que este es uno de esos accesorios que "o te encantan, o no te gustan nada".

El velo pirata se ha puesto muy de moda últimamente, sobre todo en las novias que quieren llevar el clásico velo pero de una forma menos convencional, y también en aquéllas que buscan una estética vintage/años 20.

Tengo que decir que, en principio, no tengo nada en contra del velo pirata. Es más, he visto a novias con un velo pirata y un vestido corte Yolan Cris (como me gusta llamarlos) y me han encantado. Pero... (y lo digo desde ya) he visto a más novias con velo pirata que no me han gustado que las que me han gustado.



En el caso de Ariadne Artiles, parece que el velo pirata se puso de moda sólo para que ella pudiese lucirlo en su boda... ¡¡pero qué bien le sienta a su cara, a su pelo, a su vestido y a todo!!

Considero que el velo pirata se ha convertido en una de esas cosas que, "como están de moda" las novias tienden a utilizar aunque no vaya con su personalidad, su vestido o su fisionomía facial. Meto también en esta categoría a los vestidos de novia palabra de honor (por diossss, hasta hace poco NO se encontraba otra cosa en las tiendas), las fotos espontáneas y sin posados y los DIY. Parece que como estas cosas son tendencia, y se les da publicidad por todos los sitios, incluyendo los proveedores que tratan de vender, tenemos que rendirnos ante ellas sí o sí. Y no es eso.

Porque... Si no tienes una figura muy esbelta o un aspecto juvenil, no uses palabra de honor (me resultan feísimos esos pliegues de carne en las zonas de las axilas).

     Si no eres una experta en fotografía, y sabes apreciar las luces, los contrastes, los paisajes o las composiciones fuera de lo común, no te hagas un reportaje pre-post o boda 100% espontáneo (al principio te gustará pero pasado un tiempo dirás ¿qué foto pongo en nuestro dormitorio...?)


          Si no tienes mucha idea de diseño, no tienes tiempo o no eres especialmente hábil, no caigas ante la tendencia general de hacer una boda DIY (con todas las manualidades mezcladas de cualquier manera en el restaurante...)

Y por último... si no te favorece, no uses velo pirata. Así de sencillo.



No me gusta nada cómo le han colocado el velo.

Las otras opciones: el velo tradicional, la mantilla o el intermedio velo-amantillado (mi favorito, por cierto), colocadas detrás de la cabeza, suelen favorecer a casi todas las chicas. De hecho, cuando algo pervive en el tiempo (y tengo entendido que la utilización del velo en las bodas proviene del S. XVIII) suele ser porque tiene características favorables. Otra cosa es que consideres que llevar velo es demasiado tradicional o pomposo para ti, y prefieras utilizar en su lugar uno de esos monísimos tocados que existen para novia.



¡Qué preciosidad de novia! Así yo también reniego del velo ;)

Sí, la verdad es que casi todos los tocados de novia que veo, bien en forma de diadema, sombrerito o redecilla me encantan, me parecen elegantes y atractivos.



Y volviendo al velo pirata... pues, para quien favorece, da un efecto espectacular... Me gusta. Pero es que en 8 de cada 10 reportajes que he visto por Internet en que las novias llevaban velo pirata he pensado "jo, con lo guapa que es esta chica, con el peinado tan bonito que le han hecho, qué poco favorecida sale vestida de novia..." Me encantaría poner algún link para probar mi teoría, pero evidentemente no es en absoluto de buen gusto, así que os dejo a las demás que analicéis los looks de novia con velos pirata por vuestra cuenta.

Original: con el flequillo bajo el velo.


Para mí la clave del atuendo de una novia es que, por encima de ir "de algo": natural, vintage, moderna, transgresora, clásica o atemporal..., la haga a una favorecida, preciosa. Si pensamos en el novio, y sabiendo que los hombres son por lo general mucho más básicos que las mujeres en cuanto a imagen se refiere (y suelen mantenerse, también, más al margen de las tendencias), la mayoría preferirían un atuendo con el que vea irresistiblemente guapa a su futura mujer, más que un modelito "súper caro, súper de diseño o súper vintage". Sí, los hombres son así: va guapa, no va guapa, en conjunto, sin analizar las partes.




Una de esas novias que sí que va guapísima con el velo pirata de plumeti. Revista TELVA

Así que... velo pirata con un SÍ en mayúsculas si, al probártelo, te has visto inmediatamente. Que no tengas que "hacerte" a la visión de ti misma con un velo pirata (eso de "ya te acostumbrarás a verte" que dicen muchas veces las dependientas es una soberana tontería, la primera impresión cuando te veas en el espejo el día de tu boda, y la de tu novio y los invitados cuanto te vean aparecer, es la que va a contar).


Otra que le queda de infarto.

P.D. Y por cierto, no, no me gustó nada el look de novia de Laura Ponte (¿soy muy convencional?, lo acepto) aunque en todos los blogs de moda y en las revistas on line está entre las 10 mejores novias del año (¡¡!!), con el comentario en alguno de ellos de "su look no dejó a nadie indiferente" (a mí desde luego que no, ¿y a su novio?)

Sinceramente, la primera vez que vi una foto de ella vestida de novia me espanté un poco (¿quién era aquella mujer que parecía sacada de "Los otros"? ¿Resaltaba su atuendo su belleza natural o la disfrazaba vilmente? vale, las entendidas de la moda se estarán espantando ahora). Luego ya, mirándola despacio, prestando atención a los complementos, al trabajo de cada parte... sí me gustó. Pero ¿¿acaso es eso?? ¿Es que nos tiene que gustar algo cuando lo analizamos despacio porque los "entendidos" del sector así nos lo hacen saber...?



Que sí, muy original, sí, pero ¿guapa? ¿Tipazo? (ni una curva le hace el vestido...) ¿Juvenil?




Sí, es la misma chica que va vestida de novia; aquí natural y guapísima ¿a que no lo parece?

Por tanto chicas, en el look de boda, fiaros de vuestra primera impresión (y la de la gente que comparte con nosotras un gusto estético similar), aunque también sea necesario reposarla y madurarla con el tiempo.

Y si os decidís por un velo pirata (o por algún otro complemento muy arriesgado) aseguraos de que realce vuestras facciones y vuestro atuendo en general. ¡Todas las novias tienen que ir guapas! ;-)

martes, 15 de noviembre de 2011

Vestidos para una novia clásica

Hay novias que lo tienen claro: quieren un vestido sencillo, liso, con poco artificio y líneas muy puras. Algunas de mis amigan lo han dicho así antes de ir a ver vestidos. En algunos casos, este querer llevar un vestido liso es, simplemente, falta de decisión respecto al vestido de novia. Cuando no se han visto muchos modelos, sobre todo de diseñadores lo más distintos posibles, es más fácil inclinarse por algo más sencillo y atemporal.

En este caso de falta de decisión, antes de optar por un vestido que quizás acabe siendo "demasiado sencillo", yo recomendaría buscar más, sobre todo en revistas e Internet, que por muy indecisas que seamos, llega un momento en que se va seleccionando el estilo que nos gusta. Y por supuesto... probar, probar y probar (sin descartar vestidos porque se nos parezcan extraños, que luego son los que mejor nos quedan) que es el único modo de saber cómo nos sientan los distintos estilos.

Pero para aquellas mujeres que verdaderamente quieran llevar un traje regio, clásico y sencillo, sólo se me ocurre el nombre de un diseñador: Franc Sarabia.

Antes de llevar vestidos como estos (que los he visto en varias de mis amigas), para mi opinión "demasiado triviales" para ser de novia,





mucho mejor llevar algo como esto:





Qué pena que en las fotos no se aprecie realmente cómo era el vestido

Este modelo concretamente me lo probé. Sienta de fábula y la tela... es de una calidad y una caída incomparables, de verdad. Chicas, evitad las franquicias de novia donde algunas telas, por miles de euros que te cuesta el vestido, son de baja calidad, y se nota. En este caso, puedo asegurar que el vestido era una maravilla, sencillo, cómodo, de calidad y sentaba fenomenal (¡y buen precio! Seguramente porque era de la colección 2010, y yo fui en septiembre de este año)

No me decidí por este vestido porque en realidad no era para mi estilo de boda, pero todos mis acompañantes coincidieron en que era un vestido precioso y muy favorecedor.

Franc Sarabia tiene otros vestidos preciosos, la verdad que posteriormente a elegir el mío, he visto algunos modelos por Internet que me han encantado... pero bueno, ya no vale dar marcha atrás!!!





 
Del 2010:












Vestidos con tal toque de sofisticación que ya hubiera pagado por probármelos!


De la colección 2010







¿Son o no son todos ellos vestidos maravillosos?

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