Me caso... no en un mes, ni en una semana, ni en un par de días sino... ¡¡en unas horas!!
¿Estoy nerviosa? No, ahora mismo no. Los nervios también están provocados por los preparativos, y a estas alturas, más le vale a cualquier novia tener todo preparado...
¿Estoy cansada? Sí, la verdad. Esta noche no he dormido bien, y se suma a las anteriores que tampoco he dormido nada (hay novias que la noche de antes duermen como un bebé, yo desde luego no soy una de ellas). Pero bueno, confío en que la tensión y la ilusión serán suficientes para no darme cuenta del cansancio.
¿Estoy feliz? Sí, me siento muy bien. Tengo ganas de dar este paso, y la verdad es que ayer no paré de recibir sms de ánimo y cariño, por no hablar del blog...
Así que, queridas mías, me despido con esta breve nota en lo que será mi último post de soltera. Dentro de quince minutos tengo la pelu... Pero me apetecía dejar plasmados estos sentimientos de primera hora de la mañana del día B.
¡Besos, besos, besos!
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sábado, 21 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Por fin...
Por fin...
¡Un momento libre en esta semana ajetreadísima!
Llega el lunes y hay tantas cosas que hacer... Y hay una que sobrevuela tu cabeza, por encima de todas las demás, que es: necesito un momento para mí, para relajarme, para no hacer nada, para observar un poco desde fuera este revoltijo que tengo en el estómago... y al que ya me estoy acostumbrando :)
¿Y cómo he conseguido un ratito libre en esta semana de locura?
1º Delegando en cosas. Si no es imposible que hubiera llegado a todo. Mis padres me han recogido el vestido de novia, mi hermana la ropa interior (dejé el suje para unos arreglos), y mi novio se ha ido a llevar cuatro cositas básicas a nuestro nuevo piso. Así he conseguido un poquito de tranquilidad.
2º Renunciando a cosas. Tenía un super tratamiento de belleza facial esta tarde, que me hacía mucha ilusión. Pero también tenía que ultimar otras cosas, dejar mi casa preparada, acabar mi pedicura... Y el tratamiento de belleza es en otro pueblo, que está a una hora de coche. Así que al final, sopesando pros y contras, he decidido cancelarlo. De todas formas, lo radiante que estará mi cara dependerá más bien de la felicidad y la relajación que sienta en ese momento que de hacerme hoy, deprisa y corriendo, y sin disfrutarlo (debido al estrés) este tratamiento.
Así que chicas... Es posible llegar a todo y conseguir un momentito de tranquilidad dando prioridad a cosas y pensando que, por muchas cosas que haya que hacer, es absolutamente necesario sacar un ratito para nosotras mismas. Para estar tranquilas...
Un ratito para sentirnos las novias afortunadas y enamoradas que queremos ser.
Como veis, hoy he publicado dos artículos, uno de ellos lo escribí hace dos noches, de madrugada, y he querido publicarlo para que veáis el contraste con mi situación de hoy, mucho más relajada, después de haber aplicado mis recetas de "delegar y renunciar" :-)
Muchísimas, muchísimas gracias a todas por vuestros comentarios. Los he ido leyendo a ratitos estos días, pero en ese momento zen, me voy a dar el lujazo de reclinarme en el sillón y volverlo a releer y a disfrutar como lo he hecho con vuestra oleada de cariño.
Como me dijo Lady Wedding en un comment, creo que sería una crueldad dejaros sin saber qué tal ha ido mi boda; así que aunque no ponga fotos, os haré saber que todo ha ido bien y que al final todo lo que durante estos meses he preparado de la boda, incluso todo lo que he sentido, ha merecido la pena.
¡Un besazo!
¡Un momento libre en esta semana ajetreadísima!
Llega el lunes y hay tantas cosas que hacer... Y hay una que sobrevuela tu cabeza, por encima de todas las demás, que es: necesito un momento para mí, para relajarme, para no hacer nada, para observar un poco desde fuera este revoltijo que tengo en el estómago... y al que ya me estoy acostumbrando :)
¿Y cómo he conseguido un ratito libre en esta semana de locura?
1º Delegando en cosas. Si no es imposible que hubiera llegado a todo. Mis padres me han recogido el vestido de novia, mi hermana la ropa interior (dejé el suje para unos arreglos), y mi novio se ha ido a llevar cuatro cositas básicas a nuestro nuevo piso. Así he conseguido un poquito de tranquilidad.
2º Renunciando a cosas. Tenía un super tratamiento de belleza facial esta tarde, que me hacía mucha ilusión. Pero también tenía que ultimar otras cosas, dejar mi casa preparada, acabar mi pedicura... Y el tratamiento de belleza es en otro pueblo, que está a una hora de coche. Así que al final, sopesando pros y contras, he decidido cancelarlo. De todas formas, lo radiante que estará mi cara dependerá más bien de la felicidad y la relajación que sienta en ese momento que de hacerme hoy, deprisa y corriendo, y sin disfrutarlo (debido al estrés) este tratamiento.
Así que chicas... Es posible llegar a todo y conseguir un momentito de tranquilidad dando prioridad a cosas y pensando que, por muchas cosas que haya que hacer, es absolutamente necesario sacar un ratito para nosotras mismas. Para estar tranquilas...
Un ratito para sentirnos las novias afortunadas y enamoradas que queremos ser.
Como veis, hoy he publicado dos artículos, uno de ellos lo escribí hace dos noches, de madrugada, y he querido publicarlo para que veáis el contraste con mi situación de hoy, mucho más relajada, después de haber aplicado mis recetas de "delegar y renunciar" :-)
Muchísimas, muchísimas gracias a todas por vuestros comentarios. Los he ido leyendo a ratitos estos días, pero en ese momento zen, me voy a dar el lujazo de reclinarme en el sillón y volverlo a releer y a disfrutar como lo he hecho con vuestra oleada de cariño.
Como me dijo Lady Wedding en un comment, creo que sería una crueldad dejaros sin saber qué tal ha ido mi boda; así que aunque no ponga fotos, os haré saber que todo ha ido bien y que al final todo lo que durante estos meses he preparado de la boda, incluso todo lo que he sentido, ha merecido la pena.
¡Un besazo!
martes, 17 de abril de 2012
Un momento sólo para mí...
Llevo dos días absolutamente frenéticos.
No he conocido cosa igual desde que mi novio y yo "nos metimos" en esto de la boda. Dos días sin parar; preparando cosas, con tratamientos de belleza varios, hablando con distintas personas... Uffff... ha sido un no parar y he de decir que al principio no conseguía dominar el estrés. He estado dos noches en que me ha costado muchísimo dormir... Espero no seguir así, porque si no, ¡mi maquilladora tendrá que hacer milagros para que no me salgan ojeras!
¿Y sabéis qué? Que lo que me estresa no es tanto el tiempo que empleo en hacer las cosas, sino el tiempo que me falta para mí. A solas. Para pensar, relajarme, divagar, escribir... Yo no me relajo en el salón de belleza, aunque me estén dando el masaje facial más bueno del mundo. Me agrada, me parece placentero, pero estoy pensando en mis cosas, recordando, haciendo listas mentales de cosas que hacer. Lo que de verdad me deja tranquila, es saber que tengo un ratito para mí misma. Para NO HACER NADA. Para permitirme el lujo de navegar a la deriva por Internet, escribir mis tonterías, mirar al techo y no tener ningún pensamiento en concreto.
Y estos días todo ha sido "tengo que..." y "tengo que...". No soy una persona acostumbrada a esto, lo reconozco. No estoy acostumbrada a tener días tan rígidos y ver que hay tareas que querías acabar en un día y que no te ha dado tiempo. Ahora mismo, me gustaría tener absolutamente todo lo de mi boda listo ¡pero no es así! Y en realidad, sé que dará tiempo a todo. Pero... lo que no sé es si dará tiempo, en mis últimos días de soltera, a tener un ratito sólo para mí. Para disfrutar de la dulce espera... Para mirar al techo e imaginar una vez más cómo será mi día: cómo estaré vestida de novia, maquillada y peinada (aún no me he visto con estas tres cosas al completo); cómo será ese momento de complicidad en mi casa con mis amigas; cómo será la ceremonia que hemos preparado con tanto cariño (bueno, admito que esta parte ha sido principalmente mía, mi novio ha delegado en mí); cómo será la sesión de fotos; y la entrada al restaurante; cuán preciosa será la mesa de dulces que hemos preparado (con tarta fondant incluida); cómo quedarán mis meseros en las mesas; si me escribirá mucha gente en el libro de firmas; cómo será la decoración de todo; y qué tal lo pasaremos en la comida y en la barra libre...
Me encantaría tener una tarde libre lo que queda de semana... pero ya es absolutamente imposible. Así que voy a hacerme a la idea de disfrutar este estrés como sea, ¡es lo único que me queda!
Besitos...
Nota del 19-4: Como veis, en mi post de hoy, al final he conseguido ese momento para mí ¡yuju!
No he conocido cosa igual desde que mi novio y yo "nos metimos" en esto de la boda. Dos días sin parar; preparando cosas, con tratamientos de belleza varios, hablando con distintas personas... Uffff... ha sido un no parar y he de decir que al principio no conseguía dominar el estrés. He estado dos noches en que me ha costado muchísimo dormir... Espero no seguir así, porque si no, ¡mi maquilladora tendrá que hacer milagros para que no me salgan ojeras!
¿Y sabéis qué? Que lo que me estresa no es tanto el tiempo que empleo en hacer las cosas, sino el tiempo que me falta para mí. A solas. Para pensar, relajarme, divagar, escribir... Yo no me relajo en el salón de belleza, aunque me estén dando el masaje facial más bueno del mundo. Me agrada, me parece placentero, pero estoy pensando en mis cosas, recordando, haciendo listas mentales de cosas que hacer. Lo que de verdad me deja tranquila, es saber que tengo un ratito para mí misma. Para NO HACER NADA. Para permitirme el lujo de navegar a la deriva por Internet, escribir mis tonterías, mirar al techo y no tener ningún pensamiento en concreto.
Y estos días todo ha sido "tengo que..." y "tengo que...". No soy una persona acostumbrada a esto, lo reconozco. No estoy acostumbrada a tener días tan rígidos y ver que hay tareas que querías acabar en un día y que no te ha dado tiempo. Ahora mismo, me gustaría tener absolutamente todo lo de mi boda listo ¡pero no es así! Y en realidad, sé que dará tiempo a todo. Pero... lo que no sé es si dará tiempo, en mis últimos días de soltera, a tener un ratito sólo para mí. Para disfrutar de la dulce espera... Para mirar al techo e imaginar una vez más cómo será mi día: cómo estaré vestida de novia, maquillada y peinada (aún no me he visto con estas tres cosas al completo); cómo será ese momento de complicidad en mi casa con mis amigas; cómo será la ceremonia que hemos preparado con tanto cariño (bueno, admito que esta parte ha sido principalmente mía, mi novio ha delegado en mí); cómo será la sesión de fotos; y la entrada al restaurante; cuán preciosa será la mesa de dulces que hemos preparado (con tarta fondant incluida); cómo quedarán mis meseros en las mesas; si me escribirá mucha gente en el libro de firmas; cómo será la decoración de todo; y qué tal lo pasaremos en la comida y en la barra libre...
Me encantaría tener una tarde libre lo que queda de semana... pero ya es absolutamente imposible. Así que voy a hacerme a la idea de disfrutar este estrés como sea, ¡es lo único que me queda!
Besitos...
Nota del 19-4: Como veis, en mi post de hoy, al final he conseguido ese momento para mí ¡yuju!
viernes, 30 de marzo de 2012
Por esos malos momentos (Un mes)
Un día como hoy, me queda menos de un mes para casarme.
Alguna se pondría histérica al decirlo. Yo no. En parte porque tengo listas y preparadas el 95% de las cosas, y sé que el 5% restante no hay más remedio que hacerlo las últimas dos semanas (última prueba del vestido, confirmar la lista de invitados, colocar las mesas y llamar a todos los proveedores para recordarles que se acerca TU BODA, por si lo habían olvidado, que algunos no me han dado señales de vida...).

Pensé que a falta de un mes todo sería más de color de rosa. No es gris, pero tampoco es tan ideal como lo había imaginado... Y no por mí, o por mi pareja, sino por circunstancias fuera de nosotros. Ha habido malos momentos en estos dos últimos meses para que haya bajado de esa nube en la que solía andar subida. A veces, soy lo bastante fuerte o egoísta para aislarme de la realidad y volver a subir ahí... es lo que intento, una vez y otra. Aislarme de la circunstancias externas, pensar en mi gran día, en mí guapísima, en una ceremonia preciosa y una fiesta sin igual; pensar en que no hay nada más para mí que mi boda, porque sólo se es novia una vez en la vida, y a mí ya me quedan días...
Al menos, mi novio está conmigo. Él y yo, juntos, como la pareja que seremos. Hoy a falta de menos de un mes me gustaría brindar con él por los buenos momentos de estos preparativos, pero también por los malos. Por las desilusiones, por las decepciones, por los conflictos familiares que me persiguen, por las malas noticias, por el estrés, por la indecisión.
Brindo por la superación de los malos momentos. Porque hace apenas unos días incluso me planteé seriamente renunciar a mi boda... Sí, como lo oís, ya no podía más. Y porque luego pensé "voy a casarme, porque lo merezco y porque, sea una fiesta más o menos alegre, más cercana o menos a lo que yo había soñado, quiero ser la esposa del que ha sido mi novio durante tantos años".
Tengo unos estados de ánimo difíciles estos días. Sentimientos de felicidad, y también sentimientos agridulces. Podíamos estar en casa todos felices y emocionados, y sin embargo hay un ambiente turbio y espeso. Pero hoy quiero brindar por todo esto... Quiero aceptar todo esto... Quiero brindar por los buenos momentos de preparativos, que los ha habido. Por la gente que se ha ilusionado conmigo y me ha apoyado. Y aun con todos los conflictos, quiero que llegue ya ese día, mi boda, porque quizás lo viviré con un sentido distinto. Como le dije a mi novio:
"Cuando te vea ese día, yo entrando a la iglesia, plantado al final del pasillo, lo primero que pensaré será Dios mío, a pesar de todos los obstáculos estamos aquí... A pesar de todo, vamos a casarnos. Y entonces creo que me olvidaré de todo y me centraré en nosotros. Quiero pensar que en ese momento cobrarán sentido todos los malos momentos de estos últimos dos meses, porque tú y yo seremos más fuertes como pareja, y porque toda esta travesía de dificultades hasta el día de nuestra boda nos harán disfrutarlo más... y disfrutar más del idílico viaje de luna de miel que nos espera".
Menos de un mes para nuestra boda. Me quedo con los buenos momentos... y después de brindar, entierro los malos. Me olvido de ellos. Por egoísta e inapropiado que pueda parecer. Porque creo que, aunque a mi alrededor los ánimos estén revueltos, merezco sentirme como una novia feliz y afortunada en este último mes de preparativos. Y luego, Dios dirá...
Alguna se pondría histérica al decirlo. Yo no. En parte porque tengo listas y preparadas el 95% de las cosas, y sé que el 5% restante no hay más remedio que hacerlo las últimas dos semanas (última prueba del vestido, confirmar la lista de invitados, colocar las mesas y llamar a todos los proveedores para recordarles que se acerca TU BODA, por si lo habían olvidado, que algunos no me han dado señales de vida...).
Pensé que a falta de un mes todo sería más de color de rosa. No es gris, pero tampoco es tan ideal como lo había imaginado... Y no por mí, o por mi pareja, sino por circunstancias fuera de nosotros. Ha habido malos momentos en estos dos últimos meses para que haya bajado de esa nube en la que solía andar subida. A veces, soy lo bastante fuerte o egoísta para aislarme de la realidad y volver a subir ahí... es lo que intento, una vez y otra. Aislarme de la circunstancias externas, pensar en mi gran día, en mí guapísima, en una ceremonia preciosa y una fiesta sin igual; pensar en que no hay nada más para mí que mi boda, porque sólo se es novia una vez en la vida, y a mí ya me quedan días...
Al menos, mi novio está conmigo. Él y yo, juntos, como la pareja que seremos. Hoy a falta de menos de un mes me gustaría brindar con él por los buenos momentos de estos preparativos, pero también por los malos. Por las desilusiones, por las decepciones, por los conflictos familiares que me persiguen, por las malas noticias, por el estrés, por la indecisión.
| Juan Antonio Capó, en Flickr |
Brindo por la superación de los malos momentos. Porque hace apenas unos días incluso me planteé seriamente renunciar a mi boda... Sí, como lo oís, ya no podía más. Y porque luego pensé "voy a casarme, porque lo merezco y porque, sea una fiesta más o menos alegre, más cercana o menos a lo que yo había soñado, quiero ser la esposa del que ha sido mi novio durante tantos años".
Tengo unos estados de ánimo difíciles estos días. Sentimientos de felicidad, y también sentimientos agridulces. Podíamos estar en casa todos felices y emocionados, y sin embargo hay un ambiente turbio y espeso. Pero hoy quiero brindar por todo esto... Quiero aceptar todo esto... Quiero brindar por los buenos momentos de preparativos, que los ha habido. Por la gente que se ha ilusionado conmigo y me ha apoyado. Y aun con todos los conflictos, quiero que llegue ya ese día, mi boda, porque quizás lo viviré con un sentido distinto. Como le dije a mi novio:
"Cuando te vea ese día, yo entrando a la iglesia, plantado al final del pasillo, lo primero que pensaré será Dios mío, a pesar de todos los obstáculos estamos aquí... A pesar de todo, vamos a casarnos. Y entonces creo que me olvidaré de todo y me centraré en nosotros. Quiero pensar que en ese momento cobrarán sentido todos los malos momentos de estos últimos dos meses, porque tú y yo seremos más fuertes como pareja, y porque toda esta travesía de dificultades hasta el día de nuestra boda nos harán disfrutarlo más... y disfrutar más del idílico viaje de luna de miel que nos espera".
Menos de un mes para nuestra boda. Me quedo con los buenos momentos... y después de brindar, entierro los malos. Me olvido de ellos. Por egoísta e inapropiado que pueda parecer. Porque creo que, aunque a mi alrededor los ánimos estén revueltos, merezco sentirme como una novia feliz y afortunada en este último mes de preparativos. Y luego, Dios dirá...
miércoles, 7 de marzo de 2012
Que me caso ¡el mes que viene!
Poco importa que sea a principios o a finales, lo cierto es que estamos en marzo, y yo me acaso en abril. O sea, que puedo decir que me caso ¡¡el mes que viene!!
Uffffffffffffffff... si es que ya no queda nada... Ayer por fin le llevé la invitación a una amiga que está siempre hiper-ocupada (todavía me queda alguna invitación que otra por entregar, es el cuento de nunca acabar ¡y llevo desde enero repartiendo invitaciones!) y los comentarios eran... "¿Y estás nerviosa? Madre mía que no te queda nada; verás que rápido se te pasa este mes y pico. Ya te veo en el altar...".
Precisamente hoy mismo he estado hablando con mi esteticién, me haré los tratamientos básicos de toda novia: prueba de maquillaje, manicura, pedicura, un par de limpiezas y ella me regala un peeling corporal. Además, quiero darme unos rayitos UVA, para no tener esta palidez característica de mí... Y comentándole todo esto que me quiero hacer (así, como quien habla de lo que quiere hacerse en los próximos meses), ha puesto ojos como platos y me ha dicho: "¡¡Pero a qué estás esperando!! ¡Que te casas el mes que viene! Tenemos que hacernos un calendario YA y empezar con las sesiones de UVA ¡la semana que viene! (que estás muy blanquita y te va a costar)"
Me ha echado un poco la bronca cariñosamente, diciéndome ¿pero es que no te das cuenta que lo tienes aquí ya? Y claro, yo le he explicado que es que hay muuucho que hacer (y si no lo hay, ya me lo invento yo, que me encanta dar vueltas y ver cosas aunque luego no me decida a comprarlas), y he estado pendiente de otras cosas: flores, detalles, repartir invitaciones...
Tenemos más o menos elegidos el menú y los extras del restaurante, la decoración, el vestido y los complementos, las alianzas, los regalos para los invitados. Hemos reservado y confirmado el vídeo, el fotógrafo y autobús... Y también la luna de miel. Y en cuanto a la lista de invitados, sabemos la asistencia segura de aproximadamente el 80%.
Yo creo que he hecho bien mis deberes... Pero que los preparativos estén avanzados a estas alturas es natural porque ¡Nos casamos el mes que viene!
Y ahora que tengo tanto hecho, siento que ha llegado la hora de ocuparme de mí. De estar guapa, radiante, con la piel hidratada, el pelo bonito (me he dado un tinte para darle brillo y potenciar más mi color), la mirada luminosa y... el corazón palpitante en el pecho.
Me caso el mes que viene y me he propuesto muy seriamente a mí misma (y lo pongo en el blog para hacerme más presión) dedicarme durante este tiempo a pequeños rituales de belleza que habitualmente me da pereza emplear (si yo os contara... ¡si la mayoría de los sábados no me desmaquillo antes de ir a la cama!). Voy a ser una buena chica y aplicarme todas las noches mi contorno de ojos (nuevecito está el bote). Además, me voy a aplicar la crema de aloe vera por todo el cuerpo al terminar de ducharme, la mascarilla capilar una vez por semana, y hacer un poquito de ejercicio suave y estiramientos para afilar un poquito la figura (poco más da tiempo en un mes y medio). Quizás es mucha "beauty session" de golpe, pero me digo que si no lo hago ahora, a un mes de mi boda ¿cuándo tendré alguna ocasión mejor?
Así que chicas que os casáis en abril... Sea a principios, a finales o en medio ¡¡PENSAD QUE NOS QUEDA UN MES!!
Y que ya que os habéis preocupado con mimo de la decoración y la preparación de los detalles, aprovechéis estos días para centraros en vosotras. Nadie más que una novia que lleva meses preparando con ilusión su gran día se merece un buen tratamiento de belleza ¿verdad?
Imágenes: Jilian and Paul, Marta Steward Weddings
Uffffffffffffffff... si es que ya no queda nada... Ayer por fin le llevé la invitación a una amiga que está siempre hiper-ocupada (todavía me queda alguna invitación que otra por entregar, es el cuento de nunca acabar ¡y llevo desde enero repartiendo invitaciones!) y los comentarios eran... "¿Y estás nerviosa? Madre mía que no te queda nada; verás que rápido se te pasa este mes y pico. Ya te veo en el altar...".
Precisamente hoy mismo he estado hablando con mi esteticién, me haré los tratamientos básicos de toda novia: prueba de maquillaje, manicura, pedicura, un par de limpiezas y ella me regala un peeling corporal. Además, quiero darme unos rayitos UVA, para no tener esta palidez característica de mí... Y comentándole todo esto que me quiero hacer (así, como quien habla de lo que quiere hacerse en los próximos meses), ha puesto ojos como platos y me ha dicho: "¡¡Pero a qué estás esperando!! ¡Que te casas el mes que viene! Tenemos que hacernos un calendario YA y empezar con las sesiones de UVA ¡la semana que viene! (que estás muy blanquita y te va a costar)"
Me ha echado un poco la bronca cariñosamente, diciéndome ¿pero es que no te das cuenta que lo tienes aquí ya? Y claro, yo le he explicado que es que hay muuucho que hacer (y si no lo hay, ya me lo invento yo, que me encanta dar vueltas y ver cosas aunque luego no me decida a comprarlas), y he estado pendiente de otras cosas: flores, detalles, repartir invitaciones...
Tenemos más o menos elegidos el menú y los extras del restaurante, la decoración, el vestido y los complementos, las alianzas, los regalos para los invitados. Hemos reservado y confirmado el vídeo, el fotógrafo y autobús... Y también la luna de miel. Y en cuanto a la lista de invitados, sabemos la asistencia segura de aproximadamente el 80%.
Yo creo que he hecho bien mis deberes... Pero que los preparativos estén avanzados a estas alturas es natural porque ¡Nos casamos el mes que viene!
Y ahora que tengo tanto hecho, siento que ha llegado la hora de ocuparme de mí. De estar guapa, radiante, con la piel hidratada, el pelo bonito (me he dado un tinte para darle brillo y potenciar más mi color), la mirada luminosa y... el corazón palpitante en el pecho.
Me caso el mes que viene y me he propuesto muy seriamente a mí misma (y lo pongo en el blog para hacerme más presión) dedicarme durante este tiempo a pequeños rituales de belleza que habitualmente me da pereza emplear (si yo os contara... ¡si la mayoría de los sábados no me desmaquillo antes de ir a la cama!). Voy a ser una buena chica y aplicarme todas las noches mi contorno de ojos (nuevecito está el bote). Además, me voy a aplicar la crema de aloe vera por todo el cuerpo al terminar de ducharme, la mascarilla capilar una vez por semana, y hacer un poquito de ejercicio suave y estiramientos para afilar un poquito la figura (poco más da tiempo en un mes y medio). Quizás es mucha "beauty session" de golpe, pero me digo que si no lo hago ahora, a un mes de mi boda ¿cuándo tendré alguna ocasión mejor?
Así que chicas que os casáis en abril... Sea a principios, a finales o en medio ¡¡PENSAD QUE NOS QUEDA UN MES!!
Y que ya que os habéis preocupado con mimo de la decoración y la preparación de los detalles, aprovechéis estos días para centraros en vosotras. Nadie más que una novia que lleva meses preparando con ilusión su gran día se merece un buen tratamiento de belleza ¿verdad?
| Unos arrumacos también son un buen tratamiento de belleza :-) |
martes, 28 de febrero de 2012
Dos meses...
Reconozco que siento un ligero temblor al escribir el título... ¡¡Dos meses!! A partir de mañana, un mes y pico...
Mi ánimo en este último mes de febrero ha sido extraño, cambiante. Hasta ahora, sólo conocía sentimientos positivos fundamentalmente. Esta vez me ha tocado enfrentarme a la cara menos dulce de la organización de bodas. Y a otros hechos que me han trastocado en mi vida cotidiana. Ha sido un mes extraño...
Ahora que renace en mí la ilusión del día B, constato que empiezo a ponerme un poquito nerviosa. Más que por el día en sí, por las cosas que aún hay que preparar: si todavía no me he vuelto a probar el vestido...
...ni me he hecho la prueba de maquillaje, ni tengo claro mi ramo de novia (cuantas más flores conozco, más dudo). Aún no tenemos ni de lejos la lista final de los confirmados, y por tanto tampoco la colocación de las mesas, ni reservado el bus. Nos queda elegir las lecturas definitivas de la ceremonia, los "momentos musicales" y alguna otra cosa que se me escapa...
Y la verdad, conforme lo voy escribiendo me digo: ¡pero si tampoco es tanto! En dos meses sacaremos ratitos de sobra para hacer todo esto, pero es inevitable que una lista larga de cosas nos paralice un poco. Organizar una boda requiere tener la mente clara, el bolsillo abierto (sí, hay que despreocuparse un poco de los pagos, es mucho dinero de golpe, más que nunca, pero ¿acaso una boda no es sólo una vez en la vida) y además hay que saber lidiar con la presión.
Presión porque eres tú la que organizas y también tú la protagonista, ¡menuda paradoja! El consejo de todo el mundo con el que he hablado respecto a este día ha sido muy claro: organiza y deja todo bien atado antes del día de tu boda, pero una vez que llegue este... entonces deja de organizar y céntrate en disfrutar.
Pero yo me pregunto ¿es que es tan sencillo pasar, en veinticuatro horas, del papel de "novia que organiza un montón de cosas" a "novia que se limita a disfrutar del momento, sin otra cosa en la cabeza"? En fin, sencillo o no, es el único consejo infalible para aprovechar este día que con tanto tiempo hemos estado preparando.
Y respecto a mi relación... pues creo que tanto mi novio como yo nos vamos haciendo a la idea de que en poco tiempo seremos una unidad familiar. Es un cambio que para nada es intrascendente. Tener nuestro propio libro de familia, después de casi treinta años pertenecer a la familia de nuestros padres, es un cambio sustancial que merece la pena celebrarse (sí, por algo es el bodorrio...).
Más si a ello le unimos que viviremos juntos dentro de poco... En ese tema, el de la búsqueda de piso para vivir, nos hemos adentrado hace poco, y la verdad que como será un piso de alquiler, tampoco queremos dudar demasiado. Mi cabeza no puede con trabajar, organizar la boda, tener una vida aparte de esta (que cada vez será menor) y buscar la casa ideal, así que nos contentaremos con "buscar una casa agradable y mona para nuestro primer año de casados". Y luego, Dios dirá...
Y sí, aunque cada día intento tener una vida aparte de la de novia en puertas, descubro que al final siempre acabo viniendo a Internet a buscar cositas, hablando con mi familia, mis amigas o mi novio de lo mismo. Ya me he resignado a ser principalmente esto en los meses siguientes: una futura novia, sin más asuntos urgentes aparte de la boda.
Pero he de admitir que me gusta... Nunca más espero ser una novia en puertas, sólo en este momento de mi vida. Un estado del que me quedan ocho semanitas... Y es que dos meses pasan volando, ¡si la Navidad hace nada estaba aquí! Así que ya mismo, llegará el mes de abril y comenzarán las bodas de la temporada primavera-verano 2012. De las bodas que tengo este año (y con la mía son la friolera de seis) somos los primeros. Al menos tenemos la ventaja de que nadie nos va a pisar ninguna sorpresa, atuendos (¡sí! ¡no es posible que nadie más lleve mi vestido o mis complementos! ¡la próxima que se casa soy yo!) y que para las próximas bodas ya vamos a estar muy tranquilitos...
La verdad que el año pasado, cuando fui a mi última boda, me recorrió un leve escalofrío cuando me dije: en siete meses, la próxima que se casa soy yo. Y pronto, muy pronto, ese día va a llegar.
Y aunque pase rapidísimo, como todo el mundo dice que se pasa, ¡espero pasarlo muy muy bien! Y que ese recuerdo dulce y amoroso nos dure toda la vida...
Por tanto, voy a intentar alejar a estos nervios que me están inundando sin que me dé cuenta; e ir tachando cosas de la lista de cosas pendientes de hacer. Estos próximos días, que no trabajo, me he propuesto efectuar las últimas compras, enviar las últimas invitaciones, aclarar la música y las lecturas, finalizar el expediente matrimonial y hacer algunos pagos que tenemos pendientes. Y luego, al final de esta semana, que espero que esté llena de actividad bodil, sentarme en una silla, relajarme y simplemente disfrutar...
De la sensación de felicidad de un día cada vez más cercano que está por venir, y de la tranquilidad de saber que lo tengo en un noventa por ciento preparado. El ser precavida tiene que tener sus ventajas ¿no?
Imágenes via The Brides Cafe
Mi ánimo en este último mes de febrero ha sido extraño, cambiante. Hasta ahora, sólo conocía sentimientos positivos fundamentalmente. Esta vez me ha tocado enfrentarme a la cara menos dulce de la organización de bodas. Y a otros hechos que me han trastocado en mi vida cotidiana. Ha sido un mes extraño...
Ahora que renace en mí la ilusión del día B, constato que empiezo a ponerme un poquito nerviosa. Más que por el día en sí, por las cosas que aún hay que preparar: si todavía no me he vuelto a probar el vestido...
...ni me he hecho la prueba de maquillaje, ni tengo claro mi ramo de novia (cuantas más flores conozco, más dudo). Aún no tenemos ni de lejos la lista final de los confirmados, y por tanto tampoco la colocación de las mesas, ni reservado el bus. Nos queda elegir las lecturas definitivas de la ceremonia, los "momentos musicales" y alguna otra cosa que se me escapa...
Y la verdad, conforme lo voy escribiendo me digo: ¡pero si tampoco es tanto! En dos meses sacaremos ratitos de sobra para hacer todo esto, pero es inevitable que una lista larga de cosas nos paralice un poco. Organizar una boda requiere tener la mente clara, el bolsillo abierto (sí, hay que despreocuparse un poco de los pagos, es mucho dinero de golpe, más que nunca, pero ¿acaso una boda no es sólo una vez en la vida) y además hay que saber lidiar con la presión.
Presión porque eres tú la que organizas y también tú la protagonista, ¡menuda paradoja! El consejo de todo el mundo con el que he hablado respecto a este día ha sido muy claro: organiza y deja todo bien atado antes del día de tu boda, pero una vez que llegue este... entonces deja de organizar y céntrate en disfrutar.
Pero yo me pregunto ¿es que es tan sencillo pasar, en veinticuatro horas, del papel de "novia que organiza un montón de cosas" a "novia que se limita a disfrutar del momento, sin otra cosa en la cabeza"? En fin, sencillo o no, es el único consejo infalible para aprovechar este día que con tanto tiempo hemos estado preparando.
Y respecto a mi relación... pues creo que tanto mi novio como yo nos vamos haciendo a la idea de que en poco tiempo seremos una unidad familiar. Es un cambio que para nada es intrascendente. Tener nuestro propio libro de familia, después de casi treinta años pertenecer a la familia de nuestros padres, es un cambio sustancial que merece la pena celebrarse (sí, por algo es el bodorrio...).
Más si a ello le unimos que viviremos juntos dentro de poco... En ese tema, el de la búsqueda de piso para vivir, nos hemos adentrado hace poco, y la verdad que como será un piso de alquiler, tampoco queremos dudar demasiado. Mi cabeza no puede con trabajar, organizar la boda, tener una vida aparte de esta (que cada vez será menor) y buscar la casa ideal, así que nos contentaremos con "buscar una casa agradable y mona para nuestro primer año de casados". Y luego, Dios dirá...
Y sí, aunque cada día intento tener una vida aparte de la de novia en puertas, descubro que al final siempre acabo viniendo a Internet a buscar cositas, hablando con mi familia, mis amigas o mi novio de lo mismo. Ya me he resignado a ser principalmente esto en los meses siguientes: una futura novia, sin más asuntos urgentes aparte de la boda.
Pero he de admitir que me gusta... Nunca más espero ser una novia en puertas, sólo en este momento de mi vida. Un estado del que me quedan ocho semanitas... Y es que dos meses pasan volando, ¡si la Navidad hace nada estaba aquí! Así que ya mismo, llegará el mes de abril y comenzarán las bodas de la temporada primavera-verano 2012. De las bodas que tengo este año (y con la mía son la friolera de seis) somos los primeros. Al menos tenemos la ventaja de que nadie nos va a pisar ninguna sorpresa, atuendos (¡sí! ¡no es posible que nadie más lleve mi vestido o mis complementos! ¡la próxima que se casa soy yo!) y que para las próximas bodas ya vamos a estar muy tranquilitos...
La verdad que el año pasado, cuando fui a mi última boda, me recorrió un leve escalofrío cuando me dije: en siete meses, la próxima que se casa soy yo. Y pronto, muy pronto, ese día va a llegar.
Y aunque pase rapidísimo, como todo el mundo dice que se pasa, ¡espero pasarlo muy muy bien! Y que ese recuerdo dulce y amoroso nos dure toda la vida...
Por tanto, voy a intentar alejar a estos nervios que me están inundando sin que me dé cuenta; e ir tachando cosas de la lista de cosas pendientes de hacer. Estos próximos días, que no trabajo, me he propuesto efectuar las últimas compras, enviar las últimas invitaciones, aclarar la música y las lecturas, finalizar el expediente matrimonial y hacer algunos pagos que tenemos pendientes. Y luego, al final de esta semana, que espero que esté llena de actividad bodil, sentarme en una silla, relajarme y simplemente disfrutar...
De la sensación de felicidad de un día cada vez más cercano que está por venir, y de la tranquilidad de saber que lo tengo en un noventa por ciento preparado. El ser precavida tiene que tener sus ventajas ¿no?
Imágenes via The Brides Cafe
sábado, 28 de enero de 2012
Tres meses
Ahora sí entramos en el último trimestre en la preparación de la boda. Me lo dicen constantemente: "ya no te queda nada".
Tres meses no es mucho tiempo, efectivamente, pero dan para mucho...
Esta mañana he estado con mi novio en la plaza del pueblo. Tomábamos un refresco después de hacer todos esos recados para los que aprovechamos el sábado por la mañana. Me dije: en tres meses, un día como hoy, será sábado. Estará la misma gente por aquí, quizás más porque la primavera siempre invita a salir. El reloj de la iglesia marcaba la una y media, a estas horas, ya estaremos dentro, muy cercanos al momento del rito del matrimonio. Ojalá que haga este sol, y algunos grados más.
Al poquito me encuentro a una amiga: "¿Qué tal? ¿Cómo va todo?" Y luego: "qué poquito te queda" Sonrío. "¿Cómo llevas los preparativos?" Bien, bien, ¡en eso estamos! Y luego concreto con mis amigas una tarde-visita del album de novia de una de ellas...
La verdad es que los preparativos van bien. Hemos resuelto bastantes cosas este mes de enero, hemos tomado decisiones importantes (entre ellas, algún cambio de última hora) y lo que nos queda, está más o menos planeado, lo cual nos permite un respiro. Hace tiempo, me agobiaba pensando "me faltan muchas cosas". Sí, faltan, pero es que hay cosas que han de irse haciendo poco a poco, que tienen que seguir el transcurso del tiempo, como son el reparto de invitaciones y la confirmación de los invitados.
Realmente puedo decir que ahora sí que estoy disfrutando de los preparativos. Y también que dudo mucho que a partir de ahora ¡pueda dejar de pensar en boda! A veces me ha interesado desconectar. Pero ahora no... No quiero desconectar de boda (ni puedo), tengo cosas que hacer, cosas que preparar, cosas que pensar y mil cosas que quiero compartir, ¡me encanta hablar de bodas!
Se acerca la recta final, el trimestre final, y me apetece ver el resultado del trabajo de estos meses. Pero por otra parte, también me parece bonito estar viviendo intensamente este tiempo de transición: preparando, imaginando, componiendo en mi cabeza las partes de un día que preveo dulce e inolvidable.
Y me apetece muchísimo irme a vivir con mi novio... Eso, lo que más. Cada domingo las separaciones nos cansan más; estamos deseando tener nuestro nido en algún lugar, y pasar junto el doble (o mucho más) del tiempo que solemos estar juntos. Aunque por otro lado, también tengo cierta pena de desapegarme de lo que es mi vida de soltera hasta ahora: dormir en casa de mis padres, comer con ellos, vivir mi vida independiente en otra ciudad, con mis propios amigos.
Así que me encuentro en un momento muy feliz, la verdad. ¡Sí, me siento bastante bien! Porque estoy deseosa de que llegue el día de mi boda, pero también disfruto y vivo con ilusión cada uno de los días que me conducen a él, ¡es una paradoja deliciosa!
Últimamente, como he dicho, sólo desconecto un poco en el trabajo del tema boda; hay mucho que hacer, que mirar y que ultimar: Mi atuendo, trajes de mis padres, iglesia, cursos prematrimoniales, flores, despedidas de soltera... Tengo una agenda tan atareada los fines de semana que, de aquí al día de mi boda, sólo tengo 2 fines de semana en que no tenga aún cita para NADA. ¡Y seguro que para esos días me surge algo!
Tres meses y mis comentarios por el blog deberán tener forzosamente otro matiz. También me hago esta pregunta: ¿seguiré escribiendo? ¿tendré algo que comentar? ¿me surgirán nuevas ideas? De momento sé que cada día que pasa me apetece comentar más; que acabo un post y ya estoy pensando en el siguiente (aunque luego tarde varios días en escribirlo); que tengo una lista de temas que aún no he tocado (meseros, más flores, más vestidos, velas, música, lecturas) y seguro que se me ocurrirán más.
Pero independientemente del futuro del blog y de mi futuro como casada, hoy quiero celebrar un poquito este día. Ver una película después de comer, pasar la noche entre amigos, y responder a las palabras cariñosas de los demás (ya te queda muy poco, ¿estás nerviosa? con un: pues sí, ya queda menos, y de momento los nervios se mantienen a raya.
Hoy sólo sé que en un período ni demasiado largo ni demasiado corto me caso. Un lapso de tiempo ideal. Y quiero disfrutar de ello.
Imágenes: oncewed.com
Tres meses no es mucho tiempo, efectivamente, pero dan para mucho...
Esta mañana he estado con mi novio en la plaza del pueblo. Tomábamos un refresco después de hacer todos esos recados para los que aprovechamos el sábado por la mañana. Me dije: en tres meses, un día como hoy, será sábado. Estará la misma gente por aquí, quizás más porque la primavera siempre invita a salir. El reloj de la iglesia marcaba la una y media, a estas horas, ya estaremos dentro, muy cercanos al momento del rito del matrimonio. Ojalá que haga este sol, y algunos grados más.
Al poquito me encuentro a una amiga: "¿Qué tal? ¿Cómo va todo?" Y luego: "qué poquito te queda" Sonrío. "¿Cómo llevas los preparativos?" Bien, bien, ¡en eso estamos! Y luego concreto con mis amigas una tarde-visita del album de novia de una de ellas...
La verdad es que los preparativos van bien. Hemos resuelto bastantes cosas este mes de enero, hemos tomado decisiones importantes (entre ellas, algún cambio de última hora) y lo que nos queda, está más o menos planeado, lo cual nos permite un respiro. Hace tiempo, me agobiaba pensando "me faltan muchas cosas". Sí, faltan, pero es que hay cosas que han de irse haciendo poco a poco, que tienen que seguir el transcurso del tiempo, como son el reparto de invitaciones y la confirmación de los invitados.
Realmente puedo decir que ahora sí que estoy disfrutando de los preparativos. Y también que dudo mucho que a partir de ahora ¡pueda dejar de pensar en boda! A veces me ha interesado desconectar. Pero ahora no... No quiero desconectar de boda (ni puedo), tengo cosas que hacer, cosas que preparar, cosas que pensar y mil cosas que quiero compartir, ¡me encanta hablar de bodas!
Se acerca la recta final, el trimestre final, y me apetece ver el resultado del trabajo de estos meses. Pero por otra parte, también me parece bonito estar viviendo intensamente este tiempo de transición: preparando, imaginando, componiendo en mi cabeza las partes de un día que preveo dulce e inolvidable.
Y me apetece muchísimo irme a vivir con mi novio... Eso, lo que más. Cada domingo las separaciones nos cansan más; estamos deseando tener nuestro nido en algún lugar, y pasar junto el doble (o mucho más) del tiempo que solemos estar juntos. Aunque por otro lado, también tengo cierta pena de desapegarme de lo que es mi vida de soltera hasta ahora: dormir en casa de mis padres, comer con ellos, vivir mi vida independiente en otra ciudad, con mis propios amigos.
Así que me encuentro en un momento muy feliz, la verdad. ¡Sí, me siento bastante bien! Porque estoy deseosa de que llegue el día de mi boda, pero también disfruto y vivo con ilusión cada uno de los días que me conducen a él, ¡es una paradoja deliciosa!
Últimamente, como he dicho, sólo desconecto un poco en el trabajo del tema boda; hay mucho que hacer, que mirar y que ultimar: Mi atuendo, trajes de mis padres, iglesia, cursos prematrimoniales, flores, despedidas de soltera... Tengo una agenda tan atareada los fines de semana que, de aquí al día de mi boda, sólo tengo 2 fines de semana en que no tenga aún cita para NADA. ¡Y seguro que para esos días me surge algo!
Tres meses y mis comentarios por el blog deberán tener forzosamente otro matiz. También me hago esta pregunta: ¿seguiré escribiendo? ¿tendré algo que comentar? ¿me surgirán nuevas ideas? De momento sé que cada día que pasa me apetece comentar más; que acabo un post y ya estoy pensando en el siguiente (aunque luego tarde varios días en escribirlo); que tengo una lista de temas que aún no he tocado (meseros, más flores, más vestidos, velas, música, lecturas) y seguro que se me ocurrirán más.
Pero independientemente del futuro del blog y de mi futuro como casada, hoy quiero celebrar un poquito este día. Ver una película después de comer, pasar la noche entre amigos, y responder a las palabras cariñosas de los demás (ya te queda muy poco, ¿estás nerviosa? con un: pues sí, ya queda menos, y de momento los nervios se mantienen a raya.
Hoy sólo sé que en un período ni demasiado largo ni demasiado corto me caso. Un lapso de tiempo ideal. Y quiero disfrutar de ello.
Imágenes: oncewed.com
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Cuatro meses...
A veces una quisiera ralentizar el tiempo, otras acelerarlo, pero el resultado es que los días siguen pasando siempre con la misma velocidad y sin darnos tregua.
Hace seis meses estaba en una nube de amor pre-emocionándome sobre mi boda (¿qué cara pondrá mi chico cuando me vea vestida de novia? ¿Cómo será nuestro primer beso de casados? ¿Y el momento en que nos retiremos después de la fiesta a nuestra habitación?), y haciendo las más tiernas suposiciones. Un mes después (cinco meses) debo reconocer que comencé a experimentar ciertas dudas y miedos (¿seremos la familia que quiero que seamos? ¿Evolucionará favorablemente nuestra relación con el matrimonio? O la más trascendental: ¿Somos realmente "la media naranja" cada uno del otro?). Y ahora, a cuatro meses del gran día... Pues empiezo a ponerme un poquito nerviosa.
Empiezo a agobiarme ligeramente porque me quedan bastantes cosas que hacer. Pensaba que llevábamos los preparativos muy avanzados, porque es cierto que durante el verano aprovechamos para elegir un montón de cosas; pero este mes, con los líos del trabajo y de cenas varias, estamos retrasando todo... Y se acerca enero y me veo con un montón de cosas aún por decidir, y otras que inevitablemente hay que hacer a partir de entonces: dar las invitaciones, confirmar número de invitados con el restaurante, pedir detalles de hombre y mujer...
Sé que aún me queda tiempo, y que es importante disfrutar de este proceso, pero por primera vez empiezo a vislumbrar que el día de mi boda no está sólo en mi imaginación, sirviendo de inspiración para este blog, sino que será un día real, con sus cosas bellas y sus inconvenientes, que tengo que ir teniendo bien atado.
Es una sensación un tanto extraña y por eso se me hace difícil de explicar. Es como si este tiempo de atrás estuviese en una nube, viendo cosas maravillosas en los blogs pero sin decidirme realmente por nada. Sólo veía y disfrutaba, y decía: ¿qué tal sería poner en la boda...? ¿Cómo quedaría esto... y esto otro? He cambiado de opiniones varias veces, y aunque hemos comprado algunas cosas y tomado algunas decisiones fundamentales, todavía nos quedan otras tantas. Entre ellas, personalizar la ceremonia religiosa, algo que veo importantísimo y que no es tan común que la gente les preste atención.
Es momento de actuar más que de seguir inspirándome, es momento de tomar decisiones.
Así que a cuatro meses... Me encuentro tranquila, segura del paso que voy a dar (y de lo que significa), pero pareciéndome extraño que estas sean mis últimas Navidades de soltera. Las últimas Navidades en que me despertaré en casa de mis padres y bajaré a desayunar con mis hermanas, se me hace difícil pensarlo.
Y me encuentro llena de ideas e inspiración a las que tengo que darles ya una salida, como propósito especial para las vacaciones de Navidad: tengo que hacer una lista definitiva de las cosas que quiero comprar para decorar, de dónde colocarlas, de las lecturas para la misa, de los detalles de la iglesia, las flores, y un sinfín de cosas más sobre las que tengo una vaga idea nada definitiva.
Cuatro meses para mi día B... A veces querría que mis días pasaran rápido para estar ya con mi chico en la luna de miel y (por fin) viviendo juntos, que es lo que anhelamos estos últimos meses. Otras veces, me digo que quizás necesitaría un mes más para dejarlo todo más atado y hacerme a la idea. Es decir, despedirme mentalmente de mis dos estatus: el de soltera, y el de novia.
Pero lo bueno es que, como he dicho al principio, el tiempo pasa con la misma velocidad sean cuales sean nuestros deseos. Así que, me guste o no, quiera acelerarlo o detenerlo, me agobie o me resulte pesado, ¡¡dentro de cuatro meses seremos marido y mujer!! Y justo en este momento estaremos preparándonos en casa con los más allegados; él con los últimos retoques (todo fotógrafo visita primero la casa del novio) y yo presumiblemente con la maquilladora. Nos faltará muy poquito para vernos de novios al fin, ay...
Sigue la cuenta atrás.
Todas estas imágenes maravillosas las puedes encontrar en este estupendo reportaje de boda en París.
Hace seis meses estaba en una nube de amor pre-emocionándome sobre mi boda (¿qué cara pondrá mi chico cuando me vea vestida de novia? ¿Cómo será nuestro primer beso de casados? ¿Y el momento en que nos retiremos después de la fiesta a nuestra habitación?), y haciendo las más tiernas suposiciones. Un mes después (cinco meses) debo reconocer que comencé a experimentar ciertas dudas y miedos (¿seremos la familia que quiero que seamos? ¿Evolucionará favorablemente nuestra relación con el matrimonio? O la más trascendental: ¿Somos realmente "la media naranja" cada uno del otro?). Y ahora, a cuatro meses del gran día... Pues empiezo a ponerme un poquito nerviosa.
| Cada peldaño es un día... Y al final de la escalera, el día B. |
Empiezo a agobiarme ligeramente porque me quedan bastantes cosas que hacer. Pensaba que llevábamos los preparativos muy avanzados, porque es cierto que durante el verano aprovechamos para elegir un montón de cosas; pero este mes, con los líos del trabajo y de cenas varias, estamos retrasando todo... Y se acerca enero y me veo con un montón de cosas aún por decidir, y otras que inevitablemente hay que hacer a partir de entonces: dar las invitaciones, confirmar número de invitados con el restaurante, pedir detalles de hombre y mujer...
Sé que aún me queda tiempo, y que es importante disfrutar de este proceso, pero por primera vez empiezo a vislumbrar que el día de mi boda no está sólo en mi imaginación, sirviendo de inspiración para este blog, sino que será un día real, con sus cosas bellas y sus inconvenientes, que tengo que ir teniendo bien atado.
| He llegado a mi destino, estoy nerviosa... ¿Seguimos? |
Es momento de actuar más que de seguir inspirándome, es momento de tomar decisiones.
| También pienso en el vestido y los complementos... Como toda novia, tengo el deseo de ir guapísima. Y posar así de coqueta mirando a la cámara en mi día especial. |
Así que a cuatro meses... Me encuentro tranquila, segura del paso que voy a dar (y de lo que significa), pero pareciéndome extraño que estas sean mis últimas Navidades de soltera. Las últimas Navidades en que me despertaré en casa de mis padres y bajaré a desayunar con mis hermanas, se me hace difícil pensarlo.
Y me encuentro llena de ideas e inspiración a las que tengo que darles ya una salida, como propósito especial para las vacaciones de Navidad: tengo que hacer una lista definitiva de las cosas que quiero comprar para decorar, de dónde colocarlas, de las lecturas para la misa, de los detalles de la iglesia, las flores, y un sinfín de cosas más sobre las que tengo una vaga idea nada definitiva.
Cuatro meses para mi día B... A veces querría que mis días pasaran rápido para estar ya con mi chico en la luna de miel y (por fin) viviendo juntos, que es lo que anhelamos estos últimos meses. Otras veces, me digo que quizás necesitaría un mes más para dejarlo todo más atado y hacerme a la idea. Es decir, despedirme mentalmente de mis dos estatus: el de soltera, y el de novia.
| El objetivo final de nuestro día: un pacto de amor con nuestra pareja. |
Pero lo bueno es que, como he dicho al principio, el tiempo pasa con la misma velocidad sean cuales sean nuestros deseos. Así que, me guste o no, quiera acelerarlo o detenerlo, me agobie o me resulte pesado, ¡¡dentro de cuatro meses seremos marido y mujer!! Y justo en este momento estaremos preparándonos en casa con los más allegados; él con los últimos retoques (todo fotógrafo visita primero la casa del novio) y yo presumiblemente con la maquilladora. Nos faltará muy poquito para vernos de novios al fin, ay...
Sigue la cuenta atrás.
Todas estas imágenes maravillosas las puedes encontrar en este estupendo reportaje de boda en París.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Cinco meses...
Cinco meses para el gran día. Pero mi perspectiva conforme se acerca, va cambiando ligeramente: ya no pienso tanto en la boda, como en lo que vendrá después. Supongo que es inevitable: al principio todo lo que piensas es en un día magnífico, tú guapísima con tu vestido y tu velo y todo el mundo alegre y feliz en una gran fiesta en vuestro honor. O en honor del amor, como se quiera decir.
Pero ahora... y conforme se va acercando la fecha, es inevitable sentir un cierto revuelo en el estómago al pensar en lo que significará ser marido y mujer. Porque para nosotros las cosas serán muy distintas.
No vivimos juntos, ni hemos vivido nunca. No sé si tras nuestra boda viviremos juntos de lunes a viernes o sigamos separados por circunstancias laborales, como hasta ahora, pero lo que sí será cierto es que ya tendremos nuestra casita para los fines de semana, o en la ciudad donde trabajo yo o donde trabaja él. Hasta ahora, ambos estamos compartiendo el piso con otros compañeros, tenemos auténtica vida de solteros y aunque deseamos fervientemente cambiar esta situación y tener nuestro nido para nosotros solos, a veces es inevitable un momento de duda. ¿Saldrá bien? ¿Echaré de menos mi independencia? ¿Sentiré nostalgia de mi antiguo hogar?
Con nuestras familias, las cosas ya cambiarán radicalmente. Para nuestros respectivos padres, que no son especialmente antiguos, hay una gran diferencia entre ser novios y estar casados, y eso ambos lo sabemos. Ninguna de nuestras familias nos ha juntado y nos ha dicho: que sepas, que cuando estéis casados, va a pasar esto y lo otro, os vamos a considerar diferentes de este modo. Pero lo sabemos. Para la gente joven, y más si viven juntos, la diferencia entre ser marido y mujer o ser novios es muy sutil, pero no para la gente más mayor, al menos de nuestro entorno. Y en honor a la verdad, interiormente no considero del mismo modo a mis amigas casadas que a las que son novias hace varios años. Incluso aunque vivan juntos...
Estar casado, tanto para mí como para mis familiares y amigos con los que más comparto el tiempo, significa algo. No es un asunto trivial, o sutil.
Y para nosotros, que ni siquiera hacemos vida diaria juntos, y que cuando vamos a casa de nuestros padres tampoco lo estamos, estar casados significará todo. Será un gran cambio, y eso lo sé. A partir de entonces habrá pocas comidas familiares cada uno por su lado, mi habitación ya no sólo será mía, y cuando llegue el viernes no "huiremos" a casa de nuestros padres, sino a la nuestra, dondequiera que esté. Y es que ya no seremos dos novios, sino una familia.
Y así quiero que sea: que seamos una familia. El núcleo familiar principal ya no serán nuestros padres y hermanos sino nuestro esposo/esposa. Si eso no son cambios...
Y sí, faltan cinco meses que a veces quiero que pasen muy rápidos y otras que pasen muy lentos para degustar estos últimos momentos. Por un lado, porque los ratitos de preparación de la boda que, salvo circunstancias excepcionales (como mi "negociación" con mis padres) son muy dulces y entretenidos (¡¡creo que los voy a echar de menos!!). Y por otro lado, porque son nuestros últimos momentos como solteros con familias distintas.
¿Echaré esto último de menos...?
No vivimos juntos, ni hemos vivido nunca. No sé si tras nuestra boda viviremos juntos de lunes a viernes o sigamos separados por circunstancias laborales, como hasta ahora, pero lo que sí será cierto es que ya tendremos nuestra casita para los fines de semana, o en la ciudad donde trabajo yo o donde trabaja él. Hasta ahora, ambos estamos compartiendo el piso con otros compañeros, tenemos auténtica vida de solteros y aunque deseamos fervientemente cambiar esta situación y tener nuestro nido para nosotros solos, a veces es inevitable un momento de duda. ¿Saldrá bien? ¿Echaré de menos mi independencia? ¿Sentiré nostalgia de mi antiguo hogar?
| via Style me pretty |
Con nuestras familias, las cosas ya cambiarán radicalmente. Para nuestros respectivos padres, que no son especialmente antiguos, hay una gran diferencia entre ser novios y estar casados, y eso ambos lo sabemos. Ninguna de nuestras familias nos ha juntado y nos ha dicho: que sepas, que cuando estéis casados, va a pasar esto y lo otro, os vamos a considerar diferentes de este modo. Pero lo sabemos. Para la gente joven, y más si viven juntos, la diferencia entre ser marido y mujer o ser novios es muy sutil, pero no para la gente más mayor, al menos de nuestro entorno. Y en honor a la verdad, interiormente no considero del mismo modo a mis amigas casadas que a las que son novias hace varios años. Incluso aunque vivan juntos...
Estar casado, tanto para mí como para mis familiares y amigos con los que más comparto el tiempo, significa algo. No es un asunto trivial, o sutil.
Y para nosotros, que ni siquiera hacemos vida diaria juntos, y que cuando vamos a casa de nuestros padres tampoco lo estamos, estar casados significará todo. Será un gran cambio, y eso lo sé. A partir de entonces habrá pocas comidas familiares cada uno por su lado, mi habitación ya no sólo será mía, y cuando llegue el viernes no "huiremos" a casa de nuestros padres, sino a la nuestra, dondequiera que esté. Y es que ya no seremos dos novios, sino una familia.
Y así quiero que sea: que seamos una familia. El núcleo familiar principal ya no serán nuestros padres y hermanos sino nuestro esposo/esposa. Si eso no son cambios...
Y sí, faltan cinco meses que a veces quiero que pasen muy rápidos y otras que pasen muy lentos para degustar estos últimos momentos. Por un lado, porque los ratitos de preparación de la boda que, salvo circunstancias excepcionales (como mi "negociación" con mis padres) son muy dulces y entretenidos (¡¡creo que los voy a echar de menos!!). Y por otro lado, porque son nuestros últimos momentos como solteros con familias distintas.
¿Echaré esto último de menos...?
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