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domingo, 17 de febrero de 2013

Las bodas... ¿nos preocupamos demasiado?

Hace unos días escribí el post que llevaba deseando escribir... digamos que desde hace unos meses, después de casarme. Lo titulé lo que no se dice, que es una forma de decir aquéllas cosas que importan y de las que no se habla. Por un lado, porque en un mundo repleto de bonitismo, fantasía e idealismos extremos como es el mundo de las bodas, este tipo de cosas parecen no tener cabida.

A raíz del post, surgió un debate bastante interesante en los comentarios, y que a mí, al menos, me hizo pensar. Por mi parte, es estimulante que en los comentarios se aprecien distintos puntos de vista: tanto las que me "dais la razón" porque habéis experimentado todos estos sentimientos, como las que los veis un poco propios de novias neuróticas :)

Como ya he dicho alguna vez, a todas las que comentáis os agradezco mucho que me hagáis pensar. Que me pongáis un poco al límite de mis ideas. Durante todos estos días he tenido una pregunta flotando delante de mí...

¿Le damos "demasiadas vueltas" a todo lo que rodea a las boda? ¿Nos damos las novias demasiada importancia? ¿Por qué? ¿Son los sentimientos demasiado extremos?

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Yo por mi parte, os apunto algunas conclusiones a las que he llegado después de "dejar reposar" estas preguntas en mi mente.

viernes, 8 de febrero de 2013

Lo que no se dice

Ayer estaba hablando con una de mis mejores amigas... del blog. Hace un tiempo, y como ella me había confesado un secreto importante, sentí el impulso de revelarle el que era mi secretillo. Ella se casó tres años antes que yo, pero realmente pensé que no entendería muchas de las cosas que yo escribía aquí. Pensé que vería chocante que una persona intelectual y poco dada a este tipo de cosas, escribiera un blog de bodas (aunque ya es un poco miscelánea), y que habría algunos post que tildaría como cursis o irrelevantes.

Pero sin embargo, mi blog le gustó. También los artículos de consejos, actitudes y de preparación de la boda. Oh, sorpresa.

Y me dijo algo que me ha hecho romper este silencio de varios días con respecto al blog y ponerme a escribir esta mañana, nada más levantarme. Y es que el blog le estaba ayudando mucho a descubrir que ciertos sentimientos que ella había tenido (y de los que nunca habíamos hablado, por cierto, y eso que como buenas amigas tenemos conversaciones profundas de vez en cuando) yo los había pasado también. Y que por tanto era "normal" sentirse o pensar de ciertas formas.

Me dijo que comparte mi postura de que no todo es tan maravilloso ni tan bonito como lo cuentan por ahí. Porque no nos engañemos, la gente, por lo general, sólo hablamos de lo bueno, de lo maravilloso. Y a veces, incluso, exageramos un poquito. O mentimos. Todo lo que sea para ocultar a los demás o a nosotras mismas (esto me parece sin ninguna duda lo peor) la decepción, el dolor, nuestras dudas o la angustia.


via: Whateveryouwantmetodo (tumblr)

miércoles, 23 de enero de 2013

Exceso de bonitismo


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Creo que el ver cosas bonitas todo el día por Internet puede tener efectos perjudiciales para la salud. Y que la fiebre de lo dulce, handmade y pastel, está llegando demasiado lejos. No sé si soy yo, que últimamente estoy poniendo pequeñas perlitas de minimalismo, tradicionalismo (el valor de lo tradicional, vamos) y practicidad a mi vida; o que este exceso de bonitismo que al principio acogí con los brazos abiertos, como todas las que empiezan en esto de los blogs y de Interné, me ha acabado saturando hasta mi límite.

No nos engañemos...

* Un envoltorio bonito es una buena presentación para un regalo, pero no deja de ser un envoltorio bonito. Yo no pagaría por ello. Y sí, a mí lo que me importa es lo que hay dentro. Y no me pongas dentro de un envoltorio currado un handmade inútil (por ejemplo, un calientamanos, que hoy mismo lo he visto por Internet y no sabía lo que era!), porque no. Además, últimamente tengo una fiebre un poco más ecologista que de costumbre, y no me gusta tirar nada, ni el papel de regalo. Y si me haces un envoltorio precioso, me sentiré culpable si lo tiro, me incitarás a guardarlo y no quiero más trastos en casa :-(
Preciosos, geniales, pero... ¿qué hago con los botones y lacitos? ¿los guardo, los tiro?

* Un café con pastas, o con tarta, o con cupcake, se toma más apaciblemente en un entorno bonito y cuidado, hasta ahí de acuerdo. Pero si vas a cobrarme 10 € por la broma, me voy al bar de enfrente y por lo mismo, me como un menú del día. Y por 12 euritos, más, aquí en mi ciudad, tienes un menú diario elaborado, con vajilla bonita, camareros majos y mantel de tela.

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* Los DIY son perfectos para pasar una tarde lluviosa y para entretener a los niños. Sobre todo los DIY de decoración (guirnaldas, cuadros, esculturas, telas...) Pero yo reflexiono y me pregunto... si cada semana haces un DIY, o dos, acabas el año con cincuentra "trastos" que no dan para decorar un piso como el mío de 60 metros cuadrados. ¡No sé dónde los metéis todos! Luego aparte estaría la categoría de los DIY que yo no sé para qué sirven una vez que ha finalizado el proceso de crearlos, que es lo divertido del proceso. ¿Tal vez para venderlos a los demás? Me quedo con los DIY que customizan prendas de ropa, o reciclan cosas que ya no queríamos. Los otros, puro ejercicio manual...


Calientamanos :-O (¿alguien lo ha usado alguna vez...?)
* Las bodas bonitas y llenas de detalles son perfectas para verlas en las revistas y dan mucho juego a los fotógrafos. A la hora de la verdad, no nos engañemos, como invitado lo que uno busca en una boda es pasárselo bien. Está claro que un decorado especial ayuda e impresiona, sobre todo al principio, y por eso hay que currárselo un poco o pensarlo mínimamente. Pero a partir de las doce de la noche lo que importa por encima de todo es la diversión: gente, música, animación, bebida, jolgorio...

Decorar con jaulas, flores y velas colgantes un jardín como este es algo maravilloso, sin duda; pero ¿tienes presupuesto? ¿es posible? Lo bonito y espectacular en una boda no es gratis, haz números y valora... via
* Si me invitas a un cumpleaños, ponme jamón del bueno, quesito, patés ricos, aperitivos con tomate y un sushi para dar ese punto exótico. Y por supuesto, vino, cava o similares Deja los pop-cakes, los cupcakes, y los derivados n-cakes para el postre, pero para el postre nada más (y batidos de fresa, nooo, por favor).

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* Me gusta la ropa y los complementos, pero que parezcan los de una adulta o al menos los de una joven treintañera. El crochet, colores excesivos, fimo, flores, mariposas, color rosa o muñequitos de fieltro... déjaselos a otra. Dame piedras, cuero, encaje, y una pizquita de sofisticación.

Accesorios de fimo. Son monos, pero yo NO me los pondría. via
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* Lo que entra en la categoría de bonitismo, tirando para el "rollo maleni" no es elegante. Es cursi. Y si te gusta lo cursi, pues adelante, pero apechuga con ello. Cute, mono, dulce, guay, rico, no son más que eufemismos modernos de ñoño.
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Resumiendo, y ya más un poquito en serio:

Las cosas bonitas nos alegran la vida, en momentos puntuales nos inspiran y nos dan pequeñas bocanadas de placer. Buscarlas y rodearse de ellas es, hasta cierto punto, una opción razonable (hace veinte o quince años, en un mundo práctico y donde Internet no era usual, decir esto habría sido subversivo).

Hoy por hoy, siento que nos hemos pasado al extremo contrario, y parece que el envoltorio es más importante que el contenido, la presentación que el sabor, el entorno que la celebración, y las cosas "inútiles" más que los grandes proyectos o las ideas profundas. Hay un exceso de superficialidad y bonitismo en la red que a mí, a veces, me agota y me dan ganas de agarrarme de los pelos y gritar. Quiero algo más. Más arte. Más elegancia. Más profundidad. Más realismo. Más sinceridad y menos falsedad. Más calidad. Más contenidos interesantes. Más misterio...

Lo bonito nos embellece la vida, y ensalza las cosas. Pero las cosas porque sean bonitas no se transforman en otras cosas distintas. Una cuchara, seguirá siendo una cuchara por muy customizada que esté. Un decorado bonito, seguirá siendo un decorado bonito y no la fiesta. Un envoltorio, seguirá siendo algo que oculta lo que hay dentro, y que habrá que desechar. Un cartel con una fotografía y una frase inspiradora, es un cartel, NO es la inspiración, no es el impulso interior motivador. Mantengamos cada cosa en su sitio y sepamos diferenciar ¿no?


Mira el cartel durante un año y no habrá cambios. Párate y reflexiona sobre lo que dice, alejada de la imagen y la pantalla, y los verás florecer. via

P.D. Entendedme, me hacía falta un post un poquito más cañero de lo normal después de tanta euforia-disciplina. X-D Y por cierto, la operación autodisciplina continúa... me quedan cosas aún muy interesantes del libro y otros materiales. Seguid atentas...

sábado, 29 de diciembre de 2012

Novias estiradas


A veces me quedo un poco atónita con lo que encuentro en los blogs de bodas y estilo, quizás porque hace tiempo que he aprendido a ver con otros ojos. Podría decir que he aprendido a ver con una mirada más crítica e incontaminada. Ante la foto de una novia cualquiera, y antes de leer el pie de página y ver qué diseñador famosísimo ha hecho el vestido, o el peinado, o el ramo, o lo que sea, me detengo un momento en la imagen y trato de ver qué opino yo de la situación. Y en vez de perderme en los pliegues y los adornos del vestido (que a veces me gustan y a veces no, digan lo que digan los "entendidos del estilo") me concentro en la cara de la novia y la expresión de su cuerpo.

Y entonces a veces me quedo atónita no de lo que veo, sino de lo que leo junto al pie de las fotos o en los comentarios.

Porque donde yo veo a una novia estirada, rígida tal vez, la bloguera y los comentarios se deshacen en elogios sobre las mangas del vestido, la belleza de la novia, o la habilidad del fotógrafo de turno en captar esa imagen. Pero a mí los aspectos técnicos y estéticos dejan de importarme en una novia real (por supuesto, editoriales, desfiles y catálogos de moda quedan excluidos) cuando la veo sin ilusión en los ojos, con un gesto altivo o incluso un poco despectivo. Donde otras ven a una mujer bien conservada en la treintena, yo veo a una novia insegura ante el espejo, que quiere estar perfecta y que no parará hasta conseguirlo, aunque le cueste el sueldo de tres meses o la salud.

Recuerdo muy bien uno de los últimos reportajes de boda que vi hace poco. En mi opinión, la novia tenía cara de lechuga y un cuerpo demasiado delgado para que sea sano. Y cuando me paré a mirar los textos y los comentarios de las personas, sólo encontré palabras para lo estiloso del vestido, lo fabulosa que es tal o cual diseñadora, el buen gusto de la novia, su peinado perfecto, su tipazo, su elegancia natural e innata, lo maravillosa que es ella y su boda... Desde luego que no esperaba encontrar un comentario negativo por pura educación, pero me hice las siguientes preguntas: ¿no es, en cierto modo, mentir, el mostrar y recrearnos en lo fabulosa que es una novia/boda así, cuando en realidad no lo es...?

Desde que he aprendido a ver con otros ojos, este espectáculo me parece tan loco como fascinante, ¿¡dios mío, es que no os dais cuenta!? me dan ganas de comentar a mí seguidamente. ¿¡No os dais cuenta que nada de lo que hay aquí es envidiable!? (bueno, los objetos sí, tal vez). ¿¡No os dais cuenta que esta es una novia estirada, que no hay nada que seguir en ella!? ¿¡Que el mejor adorno para una novia no es un tocado carísimo, sino la dulzura!?

Porque evidentemente las apariencias pueden engañar: podemos ver una boda de ensueño y dos personas que están destrozadas por dentro por cualquier causa. Pero es que hay casos en que las caras y los gestos NO engañan, los que engañan son los textos que parecen obviar todo atisbo de sentimiento y dulzura y nos venden como "ideal" algo fatuo y vacío.

¿Cómo puede ser "ideal" ser una novia estirada? De ésas con el cuerpo rígido de aguantar las emociones y no expresarlas, con un guiño de ligero desprecio e insatisfacción permanente, que aspiran a una vida lo más convencional posible para que todo su entorno las admire e idolatre, y que no dudará en presumir de su felicidad ante todos sus allegados aunque en su interior no exista ni una pizquita de luz.


No estoy hablando aquí de esos matrimonios que pueden salir mal, como ya expresé en el post "De qué sirve una boda de ensueño si...". Porque una novia puede ser maja, y casarse ilusionadísima y a los dos meses caer de su nube de amor al vacío. Estoy hablando aquí de los propios novios, de las personas individuales, de esos novios sssssuper elegantes y sssssuper estilosos que son alabados por los cuatro puntos cardinales del país y cuyas caras reflejan que, efectivamente, es mejor centrarnos en sus vestidos y sus arreglos y olvidarnos de ellos. Porque esas caras, y esa postura corporal no mienten.

No hay un atuendo lo suficientemente especial que haga transpirar dulzura y serenidad a una mujer que no lo es. Los pendientes más puros no embellecen el corazón de una persona. Y las capas y recubrimiento de buen gusto no hacen a una persona mejorar su calidad humana ni un poquito. No disimulan el hastío. No.

Yo lo veo. Me equivocaré muchas veces, pero en otras acierto al completo. Veo cómo son las posturas y los gestos de las mujeres estiradas, ésas para las que la vida es una carrera de acumular objetos sin sentido, los problemas de los demás son incordios y cuyas únicas personas dignas de confianza siguen su mismo código externo. Esas mujeres y esos hombres se jactan de tener mucho estilo, y en el futuro tendrán hijos a los que adoctrinarán desde pequeños para que sigan sus pasos, y a los que comprarán todos los objetos en tendencia, creyendo que así están haciendo lo mejor de lo mejor por sus retoños.

Desde luego, creo que las novias estiradas, por muchos halagos que reciban y mucho que se las admire desde la distancia, tienen su propia cruz interior, y por ello no hago este post para criticarlas a ellas, porque como ya he dicho, llevan su propio "castigo" en sus actitudes. Para mí, de hecho, sería un enorme castigo cargar con la rigidez, la inexpresividad, la estrechez de miras y el deje de amargura que va unido a estas personas. Pero sí que este post supone cierta crítica para esos medios que ensalzan a estas novias, que nos dificultan la visión de lo que es obvio, y que parece que quieren cegar a las mujeres de verdad y ponerles de "ideal" lo que no lo es bajo ningún concepto.

Antes de zambullirte en ciertos textos sobre moda y estilo, mira las fotos. Míralas, míralas bien. Observa la cara, los gestos, el brillo de la mirada, las manos, la postura de los hombros, de las piernas, de la espalda. Observa sin hacer ningún juicio previo. Y advierte lo que ves. Si hay algún punto que te produce espanto, entonces no sigas leyendo, ni alimentes esa cascada de comentarios bienintencionados y alabanzas, pues no le estás haciendo ningún favor a otras novias como tú.


Busquemos la dulzura en las novias... o la alegría, la espontaneidad, el amor, la irreverencia, la pasión, la fuerza, la ternura, la flexibilidad, la jocosidad, el candor... lo que sea menos la rigidez y el desdén, por favor.

Di NO a las novias estiradas. Di SÍ a las novias reales. :-)

Imágenes via MnBride

miércoles, 28 de marzo de 2012

La fina línea entre lo romántico y lo cursi...

Hoy estoy preparando las lecturas para mi boda. Al contrario de lo que la gente se cree, las bodas por la iglesia permiten muchísima variedad: por un lado, en la elección de las lecturas (si te empeñas, tienes todos los textos de la Biblia para elegir, aunque hay recomendaciones), también en el rito del matrimonio, y por supuesto, se admite un discurso personalizado de los acompañantes de los novios al principio o al final de la ceremonia. Los novios, igualmente, pueden leer un texto de su propia cosecha al final del ritual del matrimonio, como acción de gracias, o al finalizar la ceremonia.

Tanto en las bodas civiles como en las católicas, en que la gente suele leer palabras de agradecimiento, siento que hay una línea muy muy sutil entre el romanticismo y la ñoñería... Sé que, dicho así, queda un poco crudo, pero generalmente es más fácil caer en la cursilería que en lo contrario.


jueves, 22 de marzo de 2012

Recogidos: lo que NO deberías llevar

Hace unos días tuve un plan excitante. Hace años, si me hubiesen dicho que hacerme una prueba de peinado de novia iba a despertar en mí tanta ilusión y expectación, me habría echado a reír, pero las novias saben bien de qué les hablo... :)  También me habría parecido extraño el pensar que podría pasar largas horas entretenida con asuntos tan futiles como encontrar una figurita para la tarta de novios, o unos broches para los zapatos (por cierto, ya os contaré en qué ha quedado). En fin, que todo esto (me refiero al mundo bodil) ha sido un descubrimiento feliz, una adicción que no había previsto, y un estado mental tan especial que podría definirlo como un continuo "estar en las nubes". Aunque es cierto que a veces me he tenido que bajar de las nubes con violencia... y mis días de preparativos no han sido fáciles en todo momento (ufff, si yo os contara... me han pasado cosas muy fuertes, y ne vivivo días en un ambiente de tensión insoportable... pero hoy quiero olvidarlo).

Volviendo a mi prueba de peinado: os puedo decir que acabé bastante contenta: me veía natural y favorecida y tengo que decir que esto no es cosa de poco, porque ¿Cuántas veces no hemos pensado, al ver a alguna novia "esta chica va más mona un sábado cualquiera"?.

Mirando por Internet, he visto algunos peinados maravillosos que en otro post compartiré con vosotras, que me han hecho plantearme por qué algunas novias que he visto recientemente no han ido tan guapas y estilosas como merecerían.


Podría ser una novia discreta y guapísima ¿verdad?


El peinado es muy importante, junto con el maquillaje es el complemento del vestido que siempre llevas contigo (el ramo, al fin y al cabo, lo dejas a un lado en un momento dado), refleja tu forma de ser y de sentir. No me explico como hay novias que tienen el pelo liso y se lo rizan para su boda o viceversa; o aquellas que nunca han llevado mechas y se las ponen, o un tinte que en la vida diaria no habrían osado llevar.

Así que antes de escribir una entrada con estos peinados que me han inspirado, prefiero compartir con vosotras mi punto de vista de aquellos peinados que no me gustan, que considero pasados de moda, o poco favorecedores. Por supuesto, esta es sólo mi opinión, quizás alguna de vosotras llevásteis uno similar en vuestra boda e íbais preciosas...

Y quiero decir que en este post me centraré sobre los recogidos, que son los peinados por excelencia de toda novia, pero a mí, particularmente me encantan las novias con el pelo suelto  (Anécdota express: mi peluquera me contaba que una vez tuvo una novia que quería llevar el pelo suelto pero su madre se oponía fuertemente porque "las novias deben ir con el pelo recogido en un moño" y a punto estuvo la chica de ceder; tuvo que hablar la peluquera con la madre y decirle: "señora, con todos mis respetos usted se casó una vez y ahora la boda es de su hija, déjela hacerse en el pelo lo que quiera".)

Supongo que llevar el pelo suelto no es más usual porque es más difícil que dure impecable hasta el final de la boda (si hay viento... se convierte en misión imposible), pero caigo arrebatada ante una novia con pelo largo, suelto, natural y que descanse sobre sus hombros.





El recogido sin duda "estrella" de las últimas boda a las que he asistido/he visto fotos (y llevo unos años con una media de dos a cinco bodas por temporada) ha sido el moño alto, muy estirado, tipo bailarina...

"Ha vuelto el moño alto, una opción elegante y perfecta para novias" leo en un portal de bodas, y yo le respondería con: pues sí, ha vuelto, pero espero que se vaya pronto por donde ha venido...

Y es que NO, no me gusta en el 95% de los casos (reconozco que en una de cada veinte novias es su peinado), porque no lo veo nada favorecedor; solamente queda bien en los catálogos de novia porque se busca ese toque minimalista que da, para que no destaque sobre el vestido (lo cual es obvio) y porque seguramente retoquen el porte de las modelos con Photoshop. Como en este de Aire Barcelona






Y si el moño "super estirado" y alto hasta por encima de la cabeza va acompañado por una tiara un poquito hortera, ya es que no me gustan nada:





Tampoco me gusta este peinado, con el pelo tan tan colocado y tantos adornitos por todos sitios...


Chicas... del maquillaje ni hablamos ¿verdad?

Volviendo a mi odiado moño bailarina, si es que ni a Elsa Pataki le favorece... Y es una chica con unas facciones muy bonitas. En mi opinión, un moño tan estirado le marca mucho la separación entre la cara y el pelo, que en su caso es muy irregular, muchos piquitos.



En este segundo caso, la trenza y el flequillo tapando la frente lo arregla un poco, y lo hace más gracioso, pero no me acaba de gustar ¿es mi impresión o le hace la cara más grande?



Y no digamos cómo le queda este peinado a Jennifer López... Parece que se ha peinado apresuradamente en el baño de un bar.




Otra cosa que suele aparecer en los estilismos para novias, es un recogido regulero con dos mechones larguísimos sueltos ¿qué os parece...? ¡No, gracias!



En este moño que os presento ahora, para mi gusto, hay demasiado tupé. Imaginaos que Jessica Alba va de novia ¿no os fijaríais más en su frente y el tupé que en el vestido? oh my god...



Me gusta el efecto despeinado, pero sin abusar. Unos mechones sueltos o el pelo más caído le da toda su gracia a un recogido, pero en este caso parece que la chica se acaba de levantar:




¿Y este...? Muuuuuy clásico ¿no os parece?




Moño alto con flores y flequillo liso a un lado: demasiado visto. Hoy en día hay cosas mucho más maravillosas que esta:




Volviendo al moño alto bailarina. Esta chica no está fea, no podría estarlo con esos ojazos y esa fisionomía facial tan dulce. Pero ¿no os parece que iría muchísimo más guapa con otro tipo de peinado?



Este último ejemplo me sirve para ilustrar que  no se trata sólo de "no ir mal", ¿qué novia no va guapa y radiante, teniendo en cuenta su ilusión y felicidad? Pero me da rabia que, pudiendo ir preciosa, se limite simplemente a "no ir mal" por una mala decisión suya, de la peluquera o dejarse llevar por las tendencias (moño alto y liso, velo pirata, vestido poco favorecedor...)

Novias, nosotras sabemos en muchos casos mejor que nadie qué es lo que nos queda bien. Nos arreglamos un sábado, para una boda, para nuestros chicos... ¿Por qué ser otra el día de tu boda? ¿Por qué recogerte el pelo como si quisieras hacerte un lifting cuanto en tu vida diaria lo llevas más desahogado?

(Que por cierto, en algunos casos he sabido de la opinión de novias que se han arrepentido mucho de haber llevado este peinado... )

En el próximo post, os propondré recogidos diferentes, elegantes y creo que favorecedores para todos los estilos (desde luego, muchísimo más favorecedores que este moño bailarina). Hasta entonces espero vuestros comentarios y vuestras impresiones.

Y espero no haber sido muy mala , jijiji...

miércoles, 14 de marzo de 2012

El mundo de las compras 1.0 (y algunas reflexiones sobre consumo)

Estos días que estoy sin trabajar, me doy cuenta de que...
aún es posible comprar cosas chulas (y baratas) al margen de la red :-)

Vale, es algo bastante obvio, pero creo que a las bloggers no nos viene mal recordarlo.

Hasta el momento he hecho un par de compras por Etsy (me contengo porque siento que he de hacer mi pequeña contribución y consumir productos españoles en estos momentos, más que extranjeros). He pedido mis detalles para invitados y los alfileres a través de Internet, pequeños proveedores que conocí bloggeando y cuyos productos me enamoraron. También la figura de la tarta, y el libro de firmas... Y también las invitaciones.



Y creo que ya es suficiente.

Dejo el resto de las cosas para las pequeñas tiendas de mi pueblo, de la ciudad donde trabajo, y de la ciudad donde vive mi novio (cuyas tiendas me encanta patear, mientras él trabaja, y yo espero que salga; adoro que el camino de vuelta del curro de mi novio me pille en la calle, porque así decidimos reencontrarnos por el centro y tomarnos una cañita, o dos). Comprar en la vida 1.0 permite que nos aireemos (sentir la lluvia, el frío, el sol), que toquemos los productos, que hablemos con los dependientes y que hagamos un poco de ejercicio.

El mundo 2.0 nos dá libertad, nos permite ver sin compromisos, comprar productos de la otra punta del país (o del mundo) y contactar por mail con distintos proveedores. No son mundos excluyentes, sino que se complementan. Ambos son necesarios. Yo ya me he aprovechado de uno (las compras a través de Internet), ahora estoy viendo las delicias del otro.

Reflexionando un poco sobre las compras y el consumo en general, me digo que cuanto más crezco, más creo en los productos artesanos,  o de calidad (si esto significa caro, pues bueno), o producidos en el entorno, y ojalá que hubiese un sello que atestiguase que un artículo es producido bajo unas condiciones laborales  y medioambientales adecuadas, porque en este caso podría decidir mis compras más responsablemente. Es decir, me gustaría ser una consumidora más responsable, pero ¡falta información por todos lados!

Creo en el pequeño comercio, alejado de las grandes marcas. Cada vez me dá más repelús comprar algo en cuya etiqueta pone "made in China" o "made in Corea" pero es que ¡es tan difícil no encontrarlo! Y por supuesto, me producen pequeños espasmos todos esos productos que van a acabar en el cubo de la basura porque se romperán a los pocos días (una vez compré una grapadora cuya vida útil fue de media hora) o porque los hemos comprado "para salir del paso" y sólo les encontraremos utilidad una vez en nuestra vida (¿no os suena...? La cestita de 2 euros que compramos para el arroz, por ejemplo, y que luego tiramos porque estamos hartas de verla por casa).


Kat MacLeod via Jacky Winter

Creo en el consumo responsable. Creo en reciclar las cosas. Y creo que es una barbaridad que los gobiernos no promulguen leyes que obliguen a los fabricantes a sumar el coste del tratamiento de los residuos a sus productos. Todos esos productos malos, de plástico, tan baratos y por ello tan apetecibles, que acaban engrosando unas montañas de residuos monumentales... me dan alergia.

Es una barbaridad medioambiental consumir muchos productos con una vida útil tan corta que hacen que haya que desecharlos al poco tiempo (para comprar otros claro está), ya sea una camiseta que se vuelve inservible a los tres meses o una grapadora que se rompe al primer uso. Es una barbaridad las montañas de residuos (y no reciclables) que estamos creando en el primer mundo ¿¿no nos damos cuenta?? (please, please, que en la próxima boda no me den algo inútil de lo que me tenga que deshacer con rapidez, porque no sé si seré capaz de tirarlo sin sentir cargo de conciencia...)



Creo en que los consumidores, con su comportamiento, pueden cambiar todo esto. Nos quejamos de los mercados, de las multinacionales, como si fueran una cosa ajena a nosotros. Y lo cierto es que participamos en la dinámica de estos mismos mercados, o de estas mismas multinacionales.

En fin, este es un blog convencional de bodas convencionales, pero no veáis las ganas que tenía de decir todo esto... Mañana más, y será de bodas, I promise :-)



viernes, 9 de marzo de 2012

"Mi sueño hecho realidad"

Hoy vengo con una entrada un poquito más cañera de los normal (las que seguís el blog, sabéis que de vez en cuando me gusta polemizar un poco, ¿qué es la vida sin un pelín de polémica... de cosas políticamente incorrectas?). Y quizás os sorprenda porque estos últimos días siento que derrocho azúcar a todas horas: que si lista de cosas dulces, que si flores y más flores, que si qué poco me queda y cuánto quiero a mi amor... :)


Cortesía de yaelumba

Pero hay una cosa que me persigue desde que empecé a adentrarme en el mundo de las bodas, y hasta ahora no he tenido el "valor", digamos, de hablar de ello. Y es que, aunque soy cursi, caprichosilla, romántica y un poquito ególatra, como lo son todas las novias del mundo, ¡y qué sano que es, para una vez en la vida que nos casamos!, reconozco que me causa un cierto estupor leer comentarios de futuras o pasadas novias del tipo "Mi día B: el día en que todos mis sueños se hicieron realidad" o "El día más feliz de mi vida, en el que fui una princesa" o "La noche de mi cuento de hadas"

Sin querer quitar trascendencia e importancia al día de la boda (¡Dios me libre!) me digo: Perfecto, tu día soñado, ¿y después del cuento, qué? Lo de casarse, ser felices y comer perdices no me lo creo desde que tenía... ¿12 años?


Cortesía de yaelumba

NO estoy para nada en contra de los romanticismos, los simbolismos y las tradiciones, creo que en este blog lo he dejado bien claro. Me considero sensible, coqueta, detallista. En el blog he escrito post cargados de sentimentalismo, e incluso (reconozco) de cierta ñoñería, pero es que es un blog de bodas de una futura y pronta novia ¿qué se puede esperar?. Y aún así, hay ciertas actitudes y pensamientos que sí que hacen que algo se rebele en mi interior.

Porque las tradiciones y el romanticismo que me definen no están reñidos con una cierta rebeldía... Con el deseo de, ante todo, ser una mujer completa, independiente, con una vida de pareja pero además con una vida propia. Una existencia en la que existan desvelos sobre el trabajo, el futuro, el desarrollo de los talentos, los amigos y la familia. Una vida en la que existan múltiples ocasiones de sentirme una princesa más allá del día B.



Casarse nunca fue mi mayor sueño. Lo reconozco. Y eso que literatura romántica, incluyendo cuentos de princesas, he leído hasta hartarme. Pero igualmente relatos de mujeres intrépidas, viajeras, o bohemias de principios de siglo.

Ahora, que me veo tan inmersa en los preparativos, y en este mundo bodil que ha sido más impresionante y original de lo que había imaginado, pues sí que concibo el día de mi boda como un bonito sueño. Un sueño que no anula a los anteriores, ni a los siguientes, sino que se une a ellos.

Cortesía de yaelumba

Concibo la boda como un sueño que marca el principio de una nueva vida, llevo una alianza forever en el dedo, y a ojos de la sociedad (especialmente de nuestra familia y amigos) somos "marido y mujer". ¡Son muchos cambios como para no hacer el día relevante!

Estoy literalmente deseando vestirme con mi hermoso vestido y todos los accesorios y que mis invitados me vean, pero especialmente mi novio. Estoy deseando sentirme una princesita, sí. Que me tiro horas pensando en ese momento. Pero desde luego no estoy alimentando esta fantasía continuamente desde los diez años, como si no hubiera más objetivo en la vida ni mayor logro que ser una novia preciosa en un entorno muy bonito un día determinado.

Sobre todo es que me parece tristísimo pensar que, una vez después de este sueño, después de pasado "el día más feliz de nuestras vidas" todo lo demás sea gris, banal. Porque claro, si el día "más feliz" de nuestras vidas ya ha pasado, si el momento de sentirnos princesas se desvaneció cuando se apagaron las últimas luces del restaurante, entonces ¿qué nos queda? ¿El resto de nuestra vida como espejismo de lo que fue un hermoso sueño? Me niego a pensar así.

Davide Ortu via ediciona

Prefiero pensar que el día de mi boda es una fiesta excepcional y desbordante de romanticismo para augurar el resto de una vida común aún más excepcional. Como el nacimiento de un hijo: es un momento único y emocionante, pero que sólo es el principio de una serie de alegrías aún mayores (y también de tristezas) que se van produciendo conforme crece. Sería absurdo concebir este nacimiento como "el momento más feliz" y conformarse, el resto de la existencia, con emociones de menor calibre.

Estoy deseando vivir mi boda. En estos momentos, más que ninguna otra cosa, en serio. Pero espero no tener nunca la sensación de que "el día más feliz de mi vida" se terminó con el mes de abril de 2.012, y el resto de mi existencia me tengo que conformar con las migajas.

Porque para mí, el día más feliz siempre, siempre, está por venir.


Loreto Proto Bravo via ediciona

lunes, 5 de marzo de 2012

El papel de los chicos en las bodas

Seguro que no en todos, pero en la mayoría de los casos, las bodas son fundamentalmente de y para la novia. La novia es la que se luce ese día, la que acapara las miradas más largas (y más inquisitivas, todo hay que decirlo), la que se recuerda posteriormente. Y en muchos casos también, la novia es la que prepara la boda, decide los detalles, y pasa noches sin dormir pensando bien "tengo que comprar una cesta para los detalles, unos papeles especiales para hacer los meseros, unas alpargatas para las invitadas" o bien "¿saldrá todo bien?; tengo ganas que llegue ese momento especial en que nos veamos vestidos de novios por primera vez".

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Es la novia quien más disfruta preparando los detalles, la que sueña más a menudo sobre su día B, ¡algunas incluso crean su propio blog! ;-), y la que posteriormente rememorará ese día una y otra vez. Pero también es la novia la que más suele estresarse los días o los meses previos.

Fundamentalmente, porque es ella la que, voluntaria o involuntariamente, hace recaer casi todo el peso de la boda en sus hombros, y estamos de acuerdo en que planificar una boda es algo muy bonito y especial, pero también conlleva berrinches, desilusiones, agobios, indecisión y agotamiento.


Creo no equivocarme mucho si digo que, en toda organización de la boda, hay un punto en que la novia dice "no puedo más; quiero que llegue ya el día y pase todo". A mí me pasó... Y a muchas de las amigas con las que he hablado con sinceridad, también. (Es poco glamouroso compartir los sentimientos negativos, pero a fin de cuentas, son éstos los que nos hacen ver que todas las personas tenemos unos límites, que gracias a Dios somos imperfectas, y que existe un reverso a la felicidad y a la ilusión que precisamente nos permiten valorar éstas cuando llegan).

¿Pero con los chicos, qué sucede?

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Obviamente, si los chicos participan menos en los preparativos, se llevarán también menos chascos. Si no pasan tardes enteras mirando detalles, zapatos, vestidos, centros de mesa o cualquier otra cosa, no comprenderán cuál es nuestro cansancio. Si no han tenido desavenencias con sus familiares o amigos por algún aspecto de la boda, llegarán a los días previos frescos como rosas. Pero por otro lado, si los chicos no han participado con el mismo énfasis que las chicas, puede que llegue ese día y sientan que no saben muy bien dónde están, y el porqué de esta lectura, esta música, o quiénes son esos que están sentados en la mesa 10. Y tendrán que lidiar, además, con ese sentimiento de que la mayor parte de la atención se concentrará en su reciente esposa... A algunos esto puede suponerles un alivio, para otros quizás hiere un poco su orgullo.

Hasta hace poco, el papel de los chicos en la preparación de las bodas solía ser anecdótico (por no decir nulo). Conozco personalmente a chicas que han llevado ellas solitas, con apoyo de sus familias, la organización de su boda desde el principio hasta el final: enfrentándose a todos los problemas y decisiones que han surgido durante el proceso, y comprando, reservando, organizando, pagando y eligiendo todos los detalles. El novio, ante esto, responde burlón: "Yo te dejo organizar la boda como quieras, no hay problemas... pero hazlo tú. Tranquila que me preocuparé de comprar mi traje y estar ese día a esa hora en el altar". ("Grrrrr.... lo mato" pienso yo cuando escucho algo así).

Bajo esta frase de "organiza como quieras" no se esconde la buena intención de dejar vía libre a la imaginación de la novia, sino precisamente el descaro de eludir todos los compromisos. Sinceramente, no admito que el novio no participe nada en las decisiones y procesos que engloba toda boda ¡es el primer proyecto juntos! ¿Qué pasará luego con la casa, las obligaciones diarias, los hijos? ¿También le dirá a su esposa?: "tú haz lo que quieras... pero hazlo tú y a mí dámelo todo resuelto, déjame tranquilito".


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No, no y no. Las novias tienen que hacer ver a sus novios que su boda es cosa de los dos. Vale que a nosotras nos gusta llevar las riendas en esto, que quizás tenemos más experiencia en elegir ciertos detalles. Vale que a ellos, en lugar de marearlos con cien proveedores, mejor darles para decidir aquéllos que hayan pasado el primer filtro. Pero la boda es cosa de dos... No es necesario que los dos se impliquen al cincuenta por ciento, pero los dos han de implicarse.

Si la novia quiere ocuparse ella sola de la decoración, porque le apasiona, no hay nada de malo siempre que el novio tenga interés en ser partícipe de todo cuanto ella va descubriendo. ¿Que hay que ver algún sitio? Se va, los dos juntos. Quizás el novio no tiene especial interés en elegir una figura para la tarta, pero sí que puede llamar por teléfono para concertar una cita con tal o cual fotógrafo. Quizás el novio no ha mirado suficientes blogs como para elegir una candybar estupenda, pero puede perfectamente pagar una fianza en la pastelería, y dejarlo reservado. Puede ser el novio quien reserve un coche estupendo para el traslado al restaurante, y la novia quien negocie el precio de los autobuses para invitados.

Y qué bonito es aprovechar para hacer juntos algunas de las cosas, de hecho son estos momentos los que se recordarán con gran cariño una vez pasado el día de la boda. Hacer juntos la lista de invitados. Aportar ideas para las mesas del restaurante. Elegir las invitaciones, el texto, y por supuesto ir juntos a entregarlas. Mirar y comparar distintos menús. Organizar las mesas entre los dos. Ir a hablar con el fotógrafo y contarle un poco lo que se espera del reportaje. Ensayar el vals. Ensayar los votos matrimoniales. Pensar en la música para los momentos clave. Y acudir juntos a la agencia para elegir y reservar el viaje de luna de miel.

Para algunas parejas que no viven juntos, como es mi caso, una boda es el primer primerísimo trabajo que se hace a medias. Si en éste no hay colaboración, cariño, apoyo, comprensión y entendimiento mutuo ¿qué será de los siguientes? Y si se busca, más que la colaboración del novio, la colaboración de la madre o de una hermana para hacer los trámites de la boda (me consta que hay novias que van con sus madres a elegir fotógrafo, viaje de novios, invitaciones y todo lo demás) ¿no es eso una indicación de en quién buscaremos apoyo cuando emprendamos una tarea nueva?

No hay nada más bonito que un novio que ayuda a su chica a preparar la boda de sus sueños, incluso cuando él mismo no necesita de tantos detalles, e incluso sabiendo que se pondrá nervioso en una fiesta tan multitudinaria. Pero lo hace por ella... [Gracias, mi amor... :-)] Y no hay nada más bonito para una novia que se siente saturada, cabreada, indecisa o cansada, que saber que puede pedirle a su novio del alma un poquito de comprensión y cariño...



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Descubro que este post escrito a ratos durante todo el día y retocado varias veces me ha quedado largo, largo. ¿quizás es que de este tema hay mucho que decir?

sábado, 31 de diciembre de 2011

Una boda es mucho más que los detalles

Quería hacer un post especial para terminar el año. Un post denso, de los míos. ;) Hace unos días, en medio de una de estas "crisis bodiles" que sufrimos cuando nos saturamos de tantas cosas que hacer y tanta información, comencé a escribir un post un tanto diferente. Hoy, que es un día de tránsito muy especial (aunque, ejem, el verdadero tránsito se produce más bien en el solsticio de invierno), en el que parece que somos más proclives a las reflexiones y los propósitos de año nuevo, he decidido pulirlo y acabarlo.

Adelanto: lo siguiente se trata de una reflexión sobre el mundo de las bodas. El grueso de la reflexión en realidad no es mío sino de un fotógrafo famoso, a alguno quizás empezará a sonarle algo... Estas son las impresiones que para mí se derivaron de sus palabras.



No sé si os habrá pasado alguna vez: leer algo y sentir, de inmediato, como un destello en la mente que dice "sí, esta conclusión hace tiempo revoloteaba por mi cabeza, pero aún no había encontrado palabras para expresarla". Esto me sucedió a mí cuando leí el manifiesto de Jonas Peterson.

Detalles, detalles, detalles, últimamente en los blogs de boda (a los que soy adicta, por otra parte) sólo veo detalles, cientos de ellos: tipos de ramos, de vestidos, de invitaciones, de ideas vintage, de estilos. Estos detalles que al principio metafóricamente devoraba, sin cansarme nunca, han llegado a estresarme un poco. En algunos casos, especialmente algunos días, he llegado a saturarme.

En Internet hay tantas (tantas, tantas, tantísimas) páginas con fotografías e imágenes de boda (sobre todo americanas y australianas) y muchos (muchos, muchos, muchísimos) otros blogs reproduciendo estas fotos, que no podrías cansarte nunca. Hay detalles de decoración para bodas de todos los estilos y colores, desde la boda en rojo y dorado, hasta la que usa con elegancia colores flúor, pasando por las paletas del marfil, el turquesa, el rosa con negro y los amarillos tostados. Y si de estilos temáticos hablamos, nos encontraremos desde la boda con temática años 20 a la boda hippie en la playa, pasando por la boda "Alicia en el país de las maravillas", la boda de los trenes antiguos y la de los pajaritos de colores.

Sin embargo... tras haberme pasado días y semanas hojeando estas bodas fabulosas, últimamente notaba una sensación desagradable, y he llegado a dos conclusiones importantes: 1) que respecto a mi boda, necesito volver a lo esencial y 2) que necesito desconectar un tiempo de Internet para centrarme en otras cosas; porque últimamente me ha robado muchas horas, incluso de sueño... No es sano acostarse a las tantas con la cabeza "hiperventilada" de ideas que luego no sé dónde recolocar.

Y justo cuando tengo todos estos pensamientos desordenados dando vueltas por mi cabeza, sin ser realmente consciente de ellos, leo un post y cada cosa vuelve a su sitio. Pienso ¡ajá, esto es lo que necesitaba! Os hablo del manifiesto que escribió el fotógrafo Jonas Peterson en su blog, y que encontré gracias a otro blog de bodas que suelo consultar, Beautiful blue brides (concretamente este).

El post original está en inglés, pero no quiero pasar la oportunidad de traducirlo para mis posibles lectores/as. Creo que sus reflexiones pueden hacernos tomar otra perspectivas respecto a nuestra boda y lo que significa a los futuros novios, pero que también puede resultar útil a escritores de blogs sobre bodas. De todas formas, pongámonos en contexto: este manifiesto  no sería completamente aplicable en un país como España, donde la industria de las bodas aún está despegando (y tiene que desarrollarse un poquito más) y donde aún somos bastante sentimentales y clásicos en el tema de las bodas. Aun así, espero que estas palabras os supongan una bocanada de aire fresco, como lo ha supuesto para mí.



MANIFIESTO DE JONAS PETERSON:

"Son las 4.47 de la mañana cuando me siento a escribir esto. Me desperté hace media hora, pero no he podido conciliar el sueño. He estado pensando en esto durante tanto tiempo...

El tren de las bodas ha descarriado.

Deja los jarrones de porcelana, la máquina de escribir vintage y las bombillas de colores y siéntate porque necesitas escuchar.

-¡Tú! ¡Sí, tú, el de ahí! Aparta los montones de heno, y las alfombras de estilo navajo y ven aquí. ¡Siéntate! No, ahora mismo no tienes que poner lavanda sobre los platos, ¡tienes que despertar!

Nos estamos perdiendo en los detalles. Toda la industria de las bodas va a la deriva, se aleja de lo que las bodas son en realidad, y todos nosotros somos el problema: bloggers, fotógrafos, organizadores y vendedores; todos hipócritas que alimentamos a la bestia del detalle.

Vuelve atrás.

Quita algunas capas.

Y empieza de nuevo.

En el centro de toda boda tenemos una chica. Que se enamoró de un chico. O una chica que se enamoró de una chica. O un chico que se enamoró... ya me entiendes.

El resto es insustancial.


Si hoy día lees revistas o blogs, pensarás que todo es el vestido, la decoración, las invitaciones o un millón de cosas más.

COSAS.

Y no. No es eso.

Es una celebración de amor, una manifestación del compromiso, una reunión de amigos y familia.

Porque estás enamorado.

Pero al visitar muchos de los blogs, pensarías que es sobre otra cosa. Pero si hay incluso imágenes sin gente. Como si las velas, o los viejos tocadiscos sobre mantas en un claro de un bosque hicieran una boda. Simplemente añade personas. Y quizás un novio. O no, realmente no es necesario, una boda son los detalles, ¿recuerdas? Detalles, detalles, detalles.

Vuelve atrás.

Quita algunas capas.

Y empieza de nuevo.

Las bodas tratan sobre la gente, sobre el compromiso y la celebración del amor. Es sobre ti. Construye eso, y todo lo demás llegará solo.


Soy una persona detallista, por tanto no es que no me gusten los detalles. Me encantan los detalles. Detalles, detalles, detalles. Los adoro. De verdad que sí. He trabajado con algunos de los mejores organizadores del negocio, y realmente decoran las bodas hasta la perfección, haciendo que los detalles sobresalgan, y siempre ha sido fantástico, porque están basados en las parejas, empezando por quien son cada uno de ellos. Y a mí realmente me gusta fotografiar detalles. Muchísimo.

Cuando era más joven, solía grabar cintas con cosas mezcladas para dárselas a las chicas que me gustaban.

Cada detalle estaba pensado cuidadosamente, cada carta, cada garabato, cada palabra en esa cinta tenía algún significado. Me gustan los detalles. Crecí en una casa con botellas vintage y jarrones de porcelana por todos sitios. Eso y rocas que recogíamos de la playa y del campo. Por lo tanto, apruebo esas cosas como el jarrón y la botella. En serio. Pero recuerda cuál es el sentido de la boda, por qué estás haciendo esto, qué es lo que necesitas. No te estreses pensando en construir una boda de cuento de hadas, perfectamente trabajada, cada detalle traído de un lugar.

Mirá más allá de los blogs y las revistas.

Y mira adentro.

¿Por qué estás haciendo esto? ¿Qué significa para ti? ¿Realmente necesitas todas esas... cosas? Y si quieres cosas, ¿estás realmente añadiendo cosas que tienen algún significado para ti? ¿Qué quieres recordar de tu día? ¿El pastel, las flores, el vestido de Hoya de la Poopy?

¿O quieres enfocarte en ese momento entre vosotros dos? Ya sabes: el chico... que se enamoró de la chica...

Vuelve atrás.

Quita algunas capas.

Y empieza de nuevo."



Una vez más, en mi caso personal me sitúo en un punto medio un tanto delicado: si hablo con mis amigas recientemente casadas, toda mi búsqueda de los detalles les parecerá exagerada, ¿qué sentido tiene hacer una boda personalizada? (la creación del blog ni os cuento...); pero por otro lado, tampoco quiero ser una de esas mujeres que se pasa dos años, cuando no toda su vida, planeando su boda y que luego espera verla publicada en un blog de cierto caché. Verdaderamente, y conforme voy desarrollando mi ojo crítico en esto de las bodas, creo que algunas mujeres hacen todo pensando más en "cómo quedará en las fotos" y "qué dirán cuando mis miles de seguidores me vean", que en vivir el presente de ese día en realidad.

Quiero un punto intermedio: pensar y debatir los detalles de la boda con mi novio con ilusión, pero sin perder de vista el objetivo final. Hacer una boda personalizada, que diga de nosotros y que no sea "en serie" pero sin darle mucha importancia al hecho de que no todo puede ser de cuento, porque hay factores logísticos que lo pueden dificultar.

En casi todas las ocasiones de mi vida me hallo en ese incómodo punto intermedio, y eso a veces me impide compartir totalmente mis impresiones con toda la audiencia; a veces peco por defecto y otras por exceso.

Qué le vamos a hacer, es cosa de mi carácter, pero también de Jonas Peterson, que él es un fotógrafo muy cooly amante de las bodas personalizadas y con detalles, pero a veces también se satura un poco de todo esto :) "

Esta es la entrada completa, retocada y repensada que comenzó un día de noviembre y termina ahora, el 31 de diciembre del 2012. Por supuesto, todas las imágenes son de Jonas Peterson.

Ahora sólo me queda desearos LO MEJOR para el año nuevo; ¿Y qué es lo mejor? Realmente nunca sabemos qué es lo mejor en nuestras vidas a largo plazo, así que pido para todos fé e ilusión en lo que está por venir.


¡¡Y muchas, muchas felicitaciones adelantadas a todas las novias del 2012!!

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